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Mi viaje comenzó el 28 de febrero de 1997 y culminó el 10 de diciembre del mismo año.
La actividad que fui a desarrollar fue la culminación de la instalación, y operación de una estación sísmica digital en Base Orcadas (Arg.).
La dotación de la Base en ese período fue de 15 personas: 12 militares y 3 civiles.
La base se encuentra ubicada en los 60°44' S y 44°44' E, a 10 metros sobre el nivel del mar, y posee una superficie aproximada de 10 hectáreas, con 1500 metros cuadrados cubiertos.
La Base pertenece a la República Argentina, quien la mantiene habitada en forma continua e ininterrumpida desde el 22 de febrero de 1904. Junto con otras 6 Bases permanentes y 7 de verano, Argentina posee la mayor presencia humana en ese Continente.
Las actividades científicas que se realizan en Orcadas son: meteorología, geomagnetismo, biología, y ahora también sismología.
Las temperaturas medias registradas son de +1°C en verano, y -15°C en invierno. La mínima del '97 fue de -29°C en Julio. Los vientos llegaron a los 84 nudos (~150 Km/hora).
Como ya anticipé, la Argentina tiene varias bases en Antártida. Las permanentes son: B. Orcadas (1904), B. San Martín (1951), B. Esperanza (1952), B. Jubany (1953), B. Marambio (1969), y B. Belgrano (1979).
Las otras siete (7) que se abren sólo durante el verano son: Melchior (1947), Decepción (1948), Brown (1951), Cámara (1953), Matienzo (1961), Petrel (1967), y Primavera (1977).
Adicionalmente, otros tantos refugios se ocupan en forma esporádica para realizar algún estudio científico en particular.
La cantidad de habitantes antárticos Argentinos superan los 100 en invierno, y los 300 durante el verano. A esto hay que sumarle otros 100 entre tripulación de los transportes e invitados especiales como por ejemplo periodistas. Todo esto muestra el gran interés que representa para la Argentina el Continente Blanco.
La Argentina pertenece, junto con otras naciones del mundo, al tratado Antártico, que reglamenta y controla las actividades humanas por debajo del paralelo 60° S. Los puntos principales del tratado se refieren a la contaminación e impacto ecológico, y también legisla el uso del espacio Antártico conceptuado como reserva natural de la humanidad.
En las bases se realiza la clasificación y el tratamiento de todos los residuos generados, ya sea basura, desechos humanos, u otros, retornando al continente todo lo que no puede ser debidamente procesado (metales, vidrios, plásticos, etc.).
Toda la actividad antártica Argentina está dirigida y supervisada por la DNA (Dirección Nacional del Antártico). Ella es quien distribuye los fondos entre las tres Fuerzas Armadas y el IAA (Instituto Antártico Argentino). Los primeros están a cargo de la logística y mantenimiento, y los segundos de los proyectos de investigación.
El objetivo principal de la Argentina en la Antártida es la investigación, aunque el dispar porcentaje entre civiles y militares no lo demuestre lógicamente. Cabe aclarar que los militares no están provistos de armamento alguno, evidenciando el hecho de una presencia pacífica y sin encubrimiento alguno.
Los principales proyectos científicos están orientados hacia la Biología y Zoología. Se realizan monitoreos de varias especies autóctonas, para estudiar sus costumbres, distribución, éxito reproductivo, alimentación y su disponibilidad, población, etc. Los demás proyectos son principalmente de ciencias de la tierra donde meteorología es la vedette.
Está ubicada en el Istmo Ibarguren de la Isla Laurie, en el complejo de islas que forman las llamadas Islas Orcadas del Sur. Estas islas están bien al Este de la península antártica. En la imagen se tiene una vista desde el cenit a la Base.

Las coordenadas de la base son 66° 44' Sur, 44° 44' Oeste, y ocupa toda la superficie del istmo, que tiene aproximadamente sólo unas 10 hectáreas (~350 x 300 metros). El Istmo está a sólo 7 mts. sobre el nivel del mar, pero las mareas de la zona no superan los 3 mts. Los limites del Istmo se conforman con la bahías Sur (Scotia), la bahía Norte (Uruguay), el Monte Mossman al Oeste, y el glaciar La Monja con su Morenita al Este.
Por la abrupta pendiente y una altura superior a los 100 mts., el Monte Mossman le da un aspecto particular al paisaje. Por otro lado, a menos de 2 Km de la Base, se ergue el pico del Ramsay de unos 540mts. de altura, con sus lenguas glaciarias descendientes hasta el mar. La suave pendiente del glaciar La Monja de aproximadamente 1 Km. de ancho y más de 5 Km de frente, comienza su descenso en el cordón montañoso del cerro La Monja de unos 200 mts de altura. En verano, el mar presenta un oleaje reducido por lo cerrado de las bahías, pero en mar abierto son comunes las olas de 3 metros. En invierno el mar se congela, siendo la bahía Sur la primera en hacerlo, y la última en descongelarse.
La fauna de la zona es muy variada, y por ser las Islas Orcadas la única porción de roca aflorante en más de 500 Km. a la redonda, son varias las especies que la toman como área de cría. Entre los mamíferos se encuentran las Focas de Weddel, Elefantes Marinos, Lobos Marinos, Leopardos Marinos, Ballenas, Orcas, etc. Las aves: Pingüinos y Petreles de varias especies, Palomas Antárticas, Skúas, etc. También existe una gran variedad de peces y moluscos. Lo que no es muy variada, y sí bastante escasa es la flora, que se presenta principalmente en forma de líquenes y musgos muy delicados.
La Base es administrada y dirigida por la Armada Argentina. Pertenece a la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, por la que elige diputados y senadores en los correspondientes actos eleccionarios.
Entre los varios edificios que posee, suma unos 1500 mts. cuadrados cubiertos. Estos edificios son: la Casa Principal y Derretidor, 2 Usinas, Talleres, casa de Frigoríficas, Casa de Emergencia (EGA), Casa Pampa (vieja radio), Casa Moneta (monumento histórico de 1905 y actual museo), 2 Galpones, Casa Playa (guardería de botes), Laboratorio, Casa de Variógrafos y Geomagnetismo, y otras pequeñas construcciones adicionales.
Las comodidades son óptimas para sobrellevar el gran aislamiento que se pasa durante el invierno. Se dispone de gimnasio de aparatos, biblioteca, y videoteca, sala de video y TV (satelital), sala de juegos con mesa de pool, ping-pong y metegol, música funcional, video juegos, sala de computación, capilla, etc. También se cuenta con equipos de esquí de travesía y de escalada, juegos de mesa, cursos de inglés, etc., sumado a lo que cada grupo se lleva como equipo personal.
No hay nada en que gastar dinero, porque todo está provisto: comida, ropa, alojamiento. Tanto es así, que al cabo del tiempo se olvida el formato y color de los billetes. Los alimentos son muy abundantes y hay gran variedad de cosas ricas y golosinas. Lo que es muy difícil de conservar son las frutas y verduras frescas, de forma que se hace necesario recurrir a enlatados y deshidratados.
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El logotipo que identifica a la base se ha difundido ampliamente entre los visitantes ocasionales de la base y las distintas dotaciones de los últimos años. Por la zona pasan barcos turísticos de varias banderas, que si las actividades de la base lo permiten, son recibidos de muy buen gusto. Se los lleva a conocer el Museo, las ruinas de la Omond House, y el cementerio, y se les da información general y recomendaciones sobre el cuidado del ecosistema antártico. |
Normalmente estos buques vienen con pasajeros de varios países y edad avanzada (principalmente por el elevado costo de los pasajes), que se pasan navegando varios días por los movidos mares australes, para estar un par de horas en algunas bases.
Orcadas fue ocupada en 1903 por una expedición Escocesa que naufragó en el intento de llegar más al Sur para instalar una estación magnética y meteorológica. Un grupo permaneció en Orcadas mientras otro salió en búsqueda de auxilio al continente, para reparar el buque y completar su misión. El Gobierno Argentino les brindó el apoyo necesario, y a cambio los escoceses donaron parte de su instrumental científico.
Argentina toma entonces posesión de la estación el 22 de febrero de 1904, la que permanece habitada en forma ininterrumpida desde esa fecha. Progresivamente se van sumando a las tareas científicas, nuevos proyectos de investigación en diversos temas de interés internacional.
La dotación de Orcadas estuvo conformada por 15 personas. 9 eran de la Armada Argentina [ARA], 3 de Fuerza Aérea [FAA], 2 de Parques Nacionales [PN], y 1 de la Universidad Nacional de La Plata [UNLP]. En consecuencia 12 militares y 3 civiles.
6 teníamos tareas de investigación, aunque en la mayor parte de ellas, sólo era una mera recolección de datos de campo. La investigación en serio se hace luego en el continente. El resto (9)tenían tareas de mantenimiento y logística. Específicamente:
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El grupo fue en general muy unido, se realizaron muchas actividades en conjunto, y la convivencia, que en estas condiciones extremas de vida es lo más importante, fue muy buena. Fue un grupo casi homogéneo en edades (entre 25 y 38 años), pero no así en gustos, aunque ésto no generó problemas. Todos vivimos en la misma casa (Principal), y comíamos juntos. Algunas tareas fueron generales, otras compartidas, pero la gran mayoría trabajaba solitario en sus temas específicos.
Entre las actividades grupales estaban las salidas de excursión, los cursos que entre nosotros armábamos (tae kwon do, computación, radioafición y código morse, medicina y primeros auxilios, inglés, fibra de vidrio reforzado, escalada en hielo, etc.). Las excursiones fueron en embarcación, en esquíes, a pie, y en ThioKol (vehículo con orugas para nieve).
La actividad que fui a desempeñar fue la de Sismología. En otras palabras, el registro y estudio de los fenómenos naturales denominados sismos o terremotos.
El proyecto, llamado "Red Sismológica Antártica", consiste en registrar movimientos sísmicos en 5 estaciones, 3 de las cuales se encuentran operadas por la Argentina (Base Esperanza en 1992, Ushuaia en 1995 y Base Orcadas en 1997). En el caso de Orcadas, existe un convenio entre el Osservatorio Geofisico Sperimentale (OGS) de Trieste (Italia), quien pone el instrumental, la DNA que se encarga de la logística y sueldos, y la UNLP que selecciona y envía a los operadores de la estación.
En el verano del 97, un grupo de la UNLP y Gendarmería Nacional fueron a instalar una estación sismológica de moderna tecnología. Debido a inconvenientes varios, la instalación no se pudo completar en el 100% previsto. Lo que se concluyó fue la parte referente al sensor y su abrigo, y el tendido de cables externos.
En consecuencia, la finalización de la instalación y la puesta en marcha de la estación quedó a mi cargo. A esta tarea me dediqué por completo las tres primeras semanas de mi estadía en Orcadas. Básicamente se trató de temas tales como conexiones entre equipos electrónicos, sistema de suministro de energía, prueba de registración y controles generales de funcionamiento.
Una vez culminada esta etapa previa, comencé la adquisición continua de registros sismológicos en Base Orcadas. No habiendo datos previos tomados en esta zona, ni otra estación medianamente cercana, lo recolectado era desconocido en varios aspectos. Por tanto fue imperioso monitorear los registros para realizar sobre ellos varios estudios.
Estos estudios eran entre otros: determinación del nivel de ruido ambiente presente en los registros, espectro de frecuencias afectado por ruido, correlación de los ruidos con las actividades humanas en la Base o fenómenos atmosféricos u otros, confirmación de detección de eventos conocidos de corta y larga distancia, determinación de sensibilidad sísmica del instrumento, etc.
Paralelamente, realicé un completo control de lo registrado, conformando un listado de los eventos por mi detectados, como así también la determinación de varios de los parámetros de los mismos (distancia epicentral, profundidad, rumbo aproximado, magnitud, hora origen, etc.). Como el grado de aislamiento de la Base con respecto al resto del mundo es grande, no era posible hacer más que ello con los datos, teniendo que esperar a mi arribo al continente para transferir lo hecho y dar así posibilidad a que se siga avanzando en los estudios de tales eventos.
La conclusión más importante e interesante, fue que Orcadas tiene una micro actividad muy grande, registrándose en el orden de los 100 eventos por mes. Debido a que las construcciones de la Base se encuentran sobre un terreno muy flojo y amortiguante, y que los continuos fuertes vientos producen vibraciones grandes en las construcciones, no ha habido testimonios de alguien que haya sentido movimiento sísmico alguno.
Para poder trabajar en forma cómoda y ágil con los datos recolectados, me valí de programas de PC ya existentes y tuve que crear otros nuevos que complementaran a los primeros. Asimismo, tuve la necesidad de optimizar al máximo de las posibilidades el funcionamiento de la PC de trabajo, para poder cumplir con los objetivos propuestos. Un completo informe de actividades (muy técnico) fue elevado a la UNLP a mi regreso de Orcadas.
Otras tareas no científicas fueron realizadas, generalmente para colaborar con los integrantes de la Base, en temas como derretimiento de hielo para consumo de agua, control (guardia) de la Base, limpieza de locales, resolución de problemas ocasionales, etc. Esta colaboración es parte de una vieja tradición en las Bases Antárticas, donde todos colaboran en la resolución de problemas de incumbencia general.
Teniendo en cuenta que el tiempo que demandaba la atención de la estación, aún con todos los procesos de búsqueda y clasificación de eventos detectados, no excedía las 6 horas diarias, y otros aspectos como el hecho de que el tiempo de viaje entre el domicilio y la oficina era de unos 15 segundos, etc., el tiempo libre era mucho.
En el estado de gran aislamiento social que se está en la Antártida, es muy importante estar lo más ocupado posible (para no utilizar ese tiempo libre en pensar tonterías). Muchas son las cosas que se pueden hacer si uno tiene voluntad o interés.
En mi caso personal, hice un curso audiovisual de Francés, estudié programación de PC en lenguaje C++, tome clases de tae-kwon-do (llegué al 5to Gup), me convertí en radioaficionado (licencia LU1 ZMU) aprendiendo código morse, practiqué esquí alpino y de travesía, dicté un curso de manejo de PC, me ejercité en el uso del idioma inglés, aprendí a revelar blanco y negro (sin práctica), jugué al ping-pong y con programas de PC, ayudé en la cocina, vi televisión y videos, escuché radio y música, practiqué un poco de yoga, aprendí a soldar con soldadora eléctrica, asistí a un curso de fibra de vidrio reforzado, remodelé parte del Museo Casa Moneta, leí una novela, colaboré en las tareas del área de biología, hice excursiones por los alrededores de la base, jugué al fútbol (hasta sobre la nieve con -15°C), tomé clases de primeros auxilios y medicina general, conocí algunas técnicas de control de incendios, me informé sobre equipos y antenas satelitales de TV, entable largas charlas en grupo o en privado con los demás invernantes, etc.
Creo que con todo ésto queda claro que el tiempo libre fue aprovechado ampliamente. Muchas de esas actividades fueron en grupo, sobre todo las salidas al exterior y los distintos cursos que entre nosotros mismos preparábamos. Otras fueron por exclusiva iniciativa mía por conocer cosas nuevas y distraerme.
Lo más apasionante eran esas salidas, ya sea de excursión o acompañando a los Guardaparques en sus trabajos de campo, donde los esquíes formaban parte indispensable del equipo de campaña. Las salidas, salvo una, fueron todas de ida y vuelta en el día. Las de gomón (bote a motor fuera de borda) fueron escasas y sólo en los dos primeros meses de mi estadía, sin embargo, navegar entre los témpanos fue una experiencia inolvidable.
Las primeras salidas que hice fueron acompañando a los Guardaparques en sus trabajos de campo. Una de ellas era la que recorría a pie toda la costa de Bahía Scotia hasta Punta Martin (~4 Km), donde se contaban aves y mamíferos. En verano, se trepaba el Monte Mossman y se caminaba por su glaciar hasta el área de trabajo. En invierno se iba por sobre el mar congelado, haciendo esquí de travesía. Un refugio llamado Cormorán quedaba a mitad de camino en caso de que se deseara descansar un rato tomando algo caliente.
En una oportunidad, fuimos un grupo de 7 personas hasta Punta Geddes (a ~15 Km), donde hay una colonia muy importante de Petrel Gigante. También hay pingüinos y lobos marinos en cantidad considerable. En Geddes hay un refugio abandonado donde pasamos la noche del 4 de abril, sin calefacción obviamente. Con dos días fuera, esta fue la salida más larga y lejana que hice.
Otra salida lejana fue la que emprendimos un grupo de 5 por el glaciar La Monja en dirección Sur. Fueron unos 14 Km de ida y vuelta sobre esquíes. Llegamos hasta un portezuelo desde donde se veía Geddes. La excursión llevó unas 5 horas de recorrido, y la cerveza bien fría acompañó el relax en el punto más alejado a la Base.
En ocasión del congelamiento de la Bahía Norte, nos fuimos con el electricista a caminar por el pack hasta la punta de la Bahía. Encontramos unas grutas habitadas por Petrel de las Nieves, donde tomamos la cerveza de rigor y descansamos para luego volver. El recorrido fue corto, unos 6 Km ida y vuelta, ya que la temperatura estaba por los 15 grados bajo cero.
Varias fueron las veces que con la ayuda del vehículo para nieve (Thio Kol) como medio de elevación, nos dimos el gusto de practicar esquí alpino. Nos tirábamos pendiente abajo del glaciar La Monja, a escasos 1000 metros de la Base, por intervalos de 2 a 3 horas. Como centro de esquí es único, se puede apreciar el mar a ambos lados de la pista, y en el fin del recorrido hay que ser prudente de no pasar muy cerca de los Lobos Marinos que miran curiosamente.
Con el Thio Kol subimos por detrás del Monte Mossman, pasando por sobre el mar congelado, remontando su glaciar hasta la cima. La vista de la Base desde allí es espectacular. Hicimos culipatín y uno de los Guardaparques y yo bajamos esquiando mientras los demás volvieron en el Thio Kol. Los trineos caseros que habíamos llevado eran tan veloces que los bluppers fueron memorables.
En una ocasión en que acompañé a los Guardaparques a pesar pingüinos, un terrible viento en contra me hizo dudar en pegar la vuelta a mitad de viaje. Pero resistí, y lo interesante estuvo a la vuelta, luego del trabajo. El viento fuerte persistía, y regresamos montados en una ráfaga 2 Km de un tirón. Sólo era necesario levantar los brazos para convertirse en vela. No recuerdo haber tenido tanto vértigo sobre esquíes, la velocidad alcanzada sobre el mar helado era increíble.
Varias también fueron las veces que fui a colaborar en los trabajos con las Focas de Weddel. A estas había que tomarles muestras de sangre, saliva, leche, longitud y diámetro, y ponerles un rótulo plástico identificatorio. Para ello había que llegarse a unos 3 Km desde la Base y dormirlas con anestesia, lo que no era una tarea fácil a 20 grados bajo cero (se congelaba la anestesia en la jeringa).
Como si esto fuera poco, muchas veces salía simplemente a contemplar el paisaje, o a ver los animales que se acercaban despreocupadamente hasta la Base.
Alcanzar la Antártida no es cosa fácil. Es necesario un gran despliegue logístico para realizar el transporte del personal que va a residir en las Bases o Campamentos Antárticos.
En tal sentido, la Argentina maneja dos alternativas de transporte: avión y barco. El primero, consiste en una flota de Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina que cubren el tramo entre el Continente (América del Sur) y Base Marambio (en la Península Antártica). A su vez, en Marambio se dispone de un pequeño avión (Twin Otter) para cubrir vuelos entre Marambio y las Bases cercanas. La mayor cantidad de vuelos ocurre en verano, en oportunidad del recambio de dotaciones.
En el caso del transporte por mar, la Argentina cuenta con el Rompehielos Almirante Irizar (Q5), perteneciente a la DNA. También, buques de la Armada son empleados para apoyo al Rompehielos según requerimiento específico. El buque es el único medio que es capaz de llegar a cualquiera de las Bases Argentinas (sólo en verano), y por ello es el elegido a la hora de efectuar el recambio de dotaciones. La capacidad es de unas 300 personas, y por tanto las actividades del buque son combinadas con vuelos de Hércules y otros. En mi caso particular, yo era el único invernante de Orcadas que iba por 9 meses. El resto de mis compañeros de invernada iban por un año completo, por lo que estuvieron en la Base 3 meses antes que yo. Además, en febrero del 97 el rompehielos se quedó atrapado en una gran masa de hielo cuando se dirigía en su segunda entrada a Orcadas, por lo que se decidió levantar a todo el personal de reparaciones (dotación adicional de verano ~25), y no efectuar la tercera y última entrada en la cual me debían llevar a mi.
Por tanto, mi situación no era muy buena, debían hacer un viaje exclusivamente para llevarme a mi y a unas pocas cajas de baja prioridad. Luego de varias deliberaciones, de las cuales yo estaba absolutamente desentendido, se decidió enviar otro buque (más chico) para llevarme a Orcadas.
En resumen, mi viaje de ida se constituyó de los siguientes pasos: 1) Viaje en avión (Boeing 707) desde Bs. As. a Ushuaia (Cuidad más austral del mundo); 2) tres días de estadía en Ushuaia; 3) navegación en el Rompehielos Irizar hasta la Base Melchior (Noroeste de la Península Antártica); 4) traspaso en gomón al Aviso Castillo (buque de guerra del A.R.A.); 5) una semana de navegación en el Castillo parando en B. Jubany, donde bajé; 6) arribo a B. Orcadas (12 días después de mi salida de Bs. As.); 7) desembarco por medio de gomón a la Base.
La navegación en el Rompehielos fue muy buena, pero no puedo decir lo mismo del Castillo. Por su reducida envergadura y los fuertes vientos que rondaron los 100 Km/h (por suerte en popa), el cruce desde la Península hasta las Islas Orcadas del Sur fue bien movido (o como se dice en la jerga naval: un pesto bárbaro). Aunque según tengo entendido, el regreso (sin mi) del buque fue mucho peor, al punto de ser la peor experiencia que recuerda su tripulación.
El desembarco en Orcadas también dio que hablar. Sólo en otra oportunidad vi el mar tan picado como el día en que llegué. Esperamos un día completo para que se calmaran las aguas, lo que no sucedió, y hubo que proceder a efectuar la maniobra de desembarco de todas maneras.
En el primer viaje de carga, íbamos tres personas en el gomón con todo el instrumental más delicado (computadoras, equipo de registración sísmica, grabadora de DAT, GPS, etc.). Al llegar a la costa, había que apagar el motor y levantarlo para que no se choque el fondo, lo que obligaba a llegar con el envión. Pero las olas eran de 2 metros, y nos montamos en exceso sobre una de ellas en el momento en que estabamos prestos a saltar del gomón a la playa. Por tanto, el salto fue involuntario y adelantado, cayéndonos los tres al mar unos metros antes de hacer pie en el fondo.
Luego de un corto buceo en mar Antártico, salimos a la superficie dando por hecho que todo el equipo estaría lléndose tranquilamente al fondo del mar. Pero por suerte ésto no ocurrió, el gomón estaba, aunque un poco inundado, con toda su carga encima (menos nosotros tres obviamente). Lo tomamos por las sogas, y en un par de brazadas hicimos pie y lo llevamos a la playa, no sin dificultad debido al peso adicional del agua que traía. Por suerte todo estaba bien embalado, y no sufrió mojaduras. Nosotros también corrimos igual suerte ya que traíamos puestos trajes antiexposición de neoprene que no sólo posibilitó que no nos mojáramos sino también que no nos congeláramos.
Hubo otros accidentes ese día, que por suerte no me involucraron a mi ni a la carga, pero todos sin lamentar víctimas. Luego del episodio mencionado, yo me pregunto: eso es empezar bien desde abajo?
Para el regreso la cosa fue bien diferente. Por un lado nos relevaban a todos los invernantes, y por otro la meteorología era bien diferente. El primer punto obligaba a que el Rompehielos fuese el medio de transporte, quien cuenta con dos helicópteros para el transbordo de carga y personal. En cuanto a la meteorología, las cosas eran muy diferentes. Además de no haber casi viento, el mar estaba tan congelado que el buque tuvo que quedarse a 10 Km de la Base. El viaje en helicóptero fue rápido, seguro, y confortable. En menos de lo que esperaba ya había dejado atrás mi cálida casa de 9 fríos meses.
Luego de un día de entrega de cargos a nuestros reemplazantes y una emotiva ceremonia, nos alejamos de Orcadas con rumbo Sudoeste. El mar estaba bastante congelado, lo que retrasó la navegación. Pasamos por las bases Jubany y Esperanza, donde se realizaba idéntica tarea que en Orcadas unos días atrás. Baje en ambas, y en Esperanza hasta me quedé a dormir una noche. Finalmente, llegamos a Marambio luego de 10 días de buque, donde hicimos el transbordo al Hércules C-130 que nos trajo de regreso a Río Gallegos (Prov. de Santa Cruz). Allí cambiamos de avión para completar el último tramo de vuelo arribando a Bs. As. a las 4 de la Mañana.
Nuestros familiares nos esperaban en el aeropuerto. El reencuentro fue muy emotivo y lacrimógeno. Una etapa había concluido, 9 meses de una aislada vida quedaban atrás.
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