El Ladrón de la cruz
21/jun/99
Es hermoso contemplar al Señor Jesús limpiando a los leprosos, dando vista a los ciegos y levantando a los muertos. Es hermoso verle pronunciando palabras de poder y sabiduría, de tal manera que deja sin respuesta a sus adversarios y hace que sus discípulos glorifiquen a Dios llenos de gozo. Pero también, ¡cuanto bien nos hace, considerar y meditar en los acontecimientos y en las escenas de la cruz ! . Cuán inmensa se ve la obra de la salvación ... ; cuán precisas se tornan las palabras de los profetas que siglos antes habían vislumbrado y anunciado los hechos de la cruz. La cruz, nos testifica que Dios es fiel y que sus palabras son infalibles. ¡Cuánto amor emana de ella!. Que paz y seguridad transmite al alma que duda, cuando mirando a la cruz, puede decir: ¡Cuánto, cuánto me amó y me ama el Señor!.
Dice el vers. 32, así como (Is 53:1-9 y12), que El fue contado con los impíos. Cuántas voces se levantan hoy, para reclamar y protestar contra diversas injusticias. Vemos en los noticieros cómo cada día, distintos individuos o grupos reclaman sus derechos y publican las injusticias de las que son víctimas, muchas veces con razón; hace unos días una multitud de automovilistas cortó el tránsito en las carreteras, protestando contra un impuesto considerado injusto. Pero nadie dice, que la mas grande injusticia que se haya cometido jamás, es que el santo Hijo de Dios, haya sido contado como un pecador. Aquel día de la crucifixión, el mundo corrupto, malvado y transgresor emitió su sentencia contra el Hijo de Dios: "¡Crucifícale!" gritaron a Pilato. Dijeron que era blasfemo y reo de muerte. Condenaron a Aquél de quien el Padre había dicho: " Este es mi hijo amado en quién tengo toda mi complacencia.".
V 34 Perdónalos. El dijo de aquellos que le crucificaban: "Padre perdónalos"... No hay boca que pueda expresar ni mente que pueda sondear, hasta donde llega el amor de Cristo. Esta sola actitud del Señor, sería suficiente para demostrar que El fue y es mucho más que un carpintero de Nazareth. Como dice el salmo 90, "Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios."
Aquellos gobernantes decían: "A otros salvó, sálvese a si mismo." Tan cerradas eran sus mentes y negros sus corazones que necesitaban verificar que el no se podía salvar a si mismo, para así demostrar que Jesús no era el Hijo de Dios. Aquél Jesús, no coincidía con la imagen que ellos tenían del Mesías de Israel. Cuanto daño nos hacen a nosotros mismos y a los demás, las imágenes falsas que tenemos de Dios. Cuanto daño nos hacen las interpretaciones erróneas y las creencias de la "mayoría". Podríamos haber aprendido ya, a la luz de los desaciertos de los gobiernos, que muchas veces las mayorías se equivocan.
Ellos esperaban un Mesías a su medida: terrenal, con poder económico y militar. Habían creído que vendría de Belén pero no, que sería varón de dolores. Creían que sería descendiente de David pero no, que sería sin atractivo para que le deseemos. Sabían distinguir las señales del clima pero no supieron distinguir a su redentor.
¿No sucede hoy así? Nunca se habló tanto de Jesús; nunca hubo tanto ruido ni tantas luces para Navidad. Nunca se ha predicado tanto en su nombre ni se lo ha nombrado tanto en las canciones. Pero (como dice Is 53:1) :"¿Quién ha creído a nuestro anuncio ...? " . ¿Quién ha creído el puro evangelio de la salvación por la fe y sin obras? ¿Quién ha creído en la salvación por la sublime gracia de Dios? ¿Quién ha creído en la incapacidad absoluta del ser humano para salvarse de la condenación y en su total incapacidad para librarse de su propia naturaleza corrupta ?
Tanto los gobernantes como los soldados y los ladrones hicieron esta terrible declaración: " si tú eres el Cristo ..." Esta es la terrible arma que Satanás usa repetidas veces contra los cristianos y en aquel día la usó contra Jesús. Poner en duda la palabra de Dios y poner en duda nuestra identidad como hijos de Dios. El Padre había dicho: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.", pero el padre de mentira se atrevía a ponerlo en duda. De la misma manera que puso en duda los mandamientos de Dios a Adán y a Eva, diciéndoles: "No moriréis". Las mismas palabras , con las que sigue engañando a miles y miles de personas hoy, al soplar en sus oídos "No moriréis" aunque os olvidéis de Dios aunque continuéis en vuestros pecados, aunque andéis en los caminos de vuestro perverso corazón. El también pone en duda nuestra identidad de hijos. Hemos creído al evangelio, nos hemos arrepentido de nuestros pecados, hemos confiado en el poder de su sangre para limpiar y su gracia para salvar, pero en el día de la prueba y la angustia, en el día de la debilidad y aún de la caída, se levanta su voz acusadora: "si fueras hijo de Dios no te pasaría esto..." . " Si fueras hijo de Dios, no estarías sin empleo, o no estarías enfermo, si fueras hijo de Dios no andarías triste o no habrías caído". Pero Dios nos dice: " Con amor eterno te he amado; por tanto, te he prolongado mi misericordia." (Jer 31:3)
Miremos ahora a aquel ladrón arrepentido... No sabemos su nombre ni que edad tenía, pero ¡que lección nos da desde su cruz! En primer lugar nos habla de la condenación. Por mas que el hombre se ría, por mas que la ignore por mas que haga chistes respecto a ella, llega el día de la condenación del pecador. Que estas palabras del ladrón de la cruz sean un llamado de advertencia para todo hombre. Pongámonos a cuenta con Dios y asegurémonos que escaparemos de la condenación eterna.
Nos enseña también acerca del poder de la conciencia. La conciencia reprende al pecador toda una vida y aun lo hace a la hora de la muerte.
Nos habla también del tremendo valor de una fe sencilla pero firme. Observamos que este ladrón, había oído de Jesús... y nadie podrá salvarse si no ha oído primero de El; la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios (Ro 10:17)
Este ladrón, creyó las palabras de Jesús, aunque no entendía por qué, siendo Justo tenía que padecer así. Creyó que era el Rey de los judíos y el Hijo de Dios. Creyó que su reino no era terrenal y que regresaría después de levantarse de la muerte. El dijo: "Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino.." Creyó que Su misericordia alcanzaba a un perdido como el. No era fácil para el, creer. Quizá fue fácil para Pedro, creer después de presenciar la pesca milagrosa; quizá fue fácil para Natanael, después que el Señor le dijera qué estaba pensando y haciendo debajo de la higuera; quizá fue fácil para Saulo después de haber visto el resplandor del cielo, pero no fue fácil para este ladrón, creer en aquel que estaba siendo crucificado.
Vemos también a través de este ladrón, cuán maravillosa es la salvación de Cristo: "... hoy estarás conmigo en el paraíso" .
Hoy estarás, sin pasar por un juicio previo. Hoy estarás porque ninguna condenación hay para los que están en Cristo.
Hoy estarás, sin buenas obras, habiendo sido toda la vida un ladrón. Porque la salvación es por gracia, por medio de la fe. De esa fe que alcanza para decir " Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino".
Una salvación instantánea, sin pasar por un largo proceso de maduración y aprendizaje. Hoy, con toda seguridad y sin espera, estarás en el paraíso. Una salvación amplia porque dice "estarás conmigo en el paraíso". No en un rincón escondido del cielo, no en le patio de afuera; conmigo dice el Señor, sentado a mi mesa. No en un lugar de segunda categoría, sino en el mejor lugar: "al que venciere le daré que se siente conmigo en mi trono"(Ap 3.21). El dijo: "Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo esté, vosotros también estéis."(Jn 14:3). Una salvación obtenida no a través del bautismo; no que estemos diciendo que no debemos bautizarnos. Todo creyente verdadero debe obedecer al mandamiento de ser bautizado en el nombre del Padre el Hijo y el Espíritu Santo. Pero la palabra de Dios nos enseña por medio de este ladrón que el bautismo no salva a nadie. Si los hombres se salvaran por ser bautizados como enseñan algunos, entonces debiéramos tomar un balde con agua y mojar a cuanta persona anduviese por allí.
Finalmente, podemos ver que no todos le rechazaron. Dijimos al principio, que los gobernantes, los soldados y los ladrones tentaban al Señor de la misma manera, diciéndole: "A otros salvó. Sálvese a sí mismo, si es el Cristo". De los gobernantes, sabemos que algunos entre ellos José de Arimatea, creyó en Jesús; uno de los soldados, el centurión que nos describe el versículo 47, " dio gloria a Dios, diciendo: --¡Verdaderamente, este hombre era justo!" y el ladrón del cual hemos hablado, también creyó en el Señor. Ellos como tantos otros son el fruto de la aflicción de Su alma.(Is 53:7). ¿Quién podrá contar su generación? Que grandioso será aquel día cuando los miles y millones de redimidos estén en la presencia de Aquél que quiso poner su vida por ellos. Que gozo será arrojar la corona y aún nuestra propia vida a sus pies.
Estarás tú allí?
En esta hora y en su sublime presencia, de lo mas hondo de tu alma, confiesa y pídele perdón por tus pecados y como ese ladrón de la cruz, dile: " acuérdate de mí cuando vengas en tu reino."
Amén
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Citas Bíblicas:
Lucas 23:32-40 Volver al sermón
32 Llevaban también a otros dos, que eran malhechores, para ser ejecutados con él. 33 Cuando llegaron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores: el uno a la derecha y el otro a la izquierda. 34 Y Jesús decía: --Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. 35 El pueblo estaba de pie mirando, y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: --A otros salvó. Sálvese a sí mismo, si es el Cristo, el escogido de Dios. 36 También los soldados le escarnecían, acercándose, ofreciéndole vinagre 37 y diciéndole: --Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Había también sobre él un título escrito que decía: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS. 39 Uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba diciendo: --¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! 40 Respondiendo el otro, le reprendió diciendo: --¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41 Nosotros, a la verdad, padecemos con razón, porque estamos recibiendo lo que merecieron nuestros hechos; pero éste no hizo ningún mal. 42 Y le dijo: --Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces Jesús le dijo: --De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. 44 Cuando era como la hora sexta, descendió oscuridad sobre la tierra hasta la hora novena. 45 El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por en medio. 46 Entonces Jesús, gritando a gran voz, dijo: --¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y habiendo dicho esto, expiró. 47 Y cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: --¡Verdaderamente, este hombre era justo! 48 Y toda la multitud que estaba presente en este espectáculo, al ver lo que había acontecido, volvía golpeándose el pecho. 49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, se quedaron lejos, mirando estas cosas.. Volver al sermón
Isaías 53:1-12
1 ¿Quién ha creído nuestro anuncio? ¿Sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? 2 Subió como un retoño delante de él, y como una raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura; lo vimos, pero no tenía atractivo como para que lo deseáramos. 3 Fue despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores y experimentado en el sufrimiento. Y como escondimos de él el rostro, lo menospreciamos y no lo estimamos. 4 Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Nosotros le tuvimos por azotado, como herido por Dios, y afligido. 5 Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino. Pero Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 El fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero; y como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, tampoco él abrió su boca. 8 Por medio de la opresión y del juicio fue quitado. Y respecto a su generación, ¿quién la contará? Porque él fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la transgresión de mi pueblo fue herido. 9 Se dispuso con los impíos su sepultura, y con los ricos estuvo en su muerte. Aunque nunca hizo violencia, ni hubo engaño en su boca, 10 con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, y le hirió. Cuando se haya puesto su vida como sacrificio por la culpa, verá descendencia. Vivirá por días sin fin, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 A causa de la angustia de su alma, verá la luz y quedará satisfecho. "Por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con los pecados de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos. Porque derramó su vida hasta la muerte y fue contado entre los transgresores, habiendo él llevado el pecado de muchos e intercedido por los transgresores. Volver al sermón