La Fe (1): El gran equilibrista había
tendido una cuerda desde un borde al otro de un acantilado. El se aprestaba a
hacer su demostración y la multitud, situada abajo, esperaba ansiosa. -¿Creen
que puedo cruzar al otro lado caminando por la cuerda?- Preguntó el artista.
-¡Sí! - Contestó la multitud. Y allá fue el hombre llegando a la orilla opuesta
en medio de los aplausos y el bullicio. -¿Creen que puedo cruzar al otro lado
llevando una carretilla?- .
-¡Sí ! - se escuchó nuevamente.
-Ahora : ¿Creen que puedo cruzar llevando una persona en la
carretilla? - Preguntó. -¡Sí! Nuevamente fue la respuesta. Entonces el artista
dijo: - ¿Quién es voluntario para subir a la carretilla?. Se hizo un silencio
total. Todos se estremecieron. Todos temieron. Todos creían siempre y cuando no
estuviera en juego su seguridad personal. En realidad no creían. No confiaban
en él. Entonces, de la multitud surgió un niño, que rápidamente corrió y subió
a la carretilla. Ambos el equilibrista y el niño llegaron sin demora al otro
lado, corriendo por la cuerda. Ese niño era el hijo del artista, que confiaba
con todo su corazón en su papá.
Cuantas veces nosotros decimos que creemos pero no es así.
Pensamos que Cristo es el Salvador del Mundo pero no creo que sea mi Salvador.
Creemos que el libró a otros pero no creo que me librará a mí.. Creo que sanó a
otros pero no creo que me sanará a mí. No me atrevo a emprender alguna tarea
difícil, porque creo que no me sostendrá.
Ojalá nuestra fe sea como la de ese niño!