FE
ANCLADA EN CRISTO: Durante sus vacaciones en la costa, una familia presenció una gran
tempestad. Las olas subían a enormes alturas mientras que los vientos fuertes
sacudían violentamente las embarcaciones que estaban amarradas al muelle. Un
niño de doce años, que miraba desde la ventana, se fijó en que sólo la boya
flotaba serenamente en aquel turbulento mar y se mantenía en su lugar a pesar
de los vientos fuertes. El niño comentó con los demás que la boya era la única
cosa que había allí afuera que parecía no tener miedo, porque aunque se hundía
de vez en cuando, siempre volvía a subir sin daño y en el mismo lugar. Entonces
el papá les explicó que la boya se mantenía firme a pesar del viento fuerte
porque estaba amarrada a un ancla en el fondo del mar, y agregó que también así
es nuestra vida. Cuando nuestra fe está anclada en Cristo podemos enfrentarnos
sin temor y con calma a cualquier viento contrario en la vida. No existe
bendición como la de una perfecta confianza en el Señor.