Tesoro en Vasos de Barro
Nuevo pacto: Pablo había estado diciendo a los
corintios, en el capítulo anterior, que ellos, los apóstoles, eran ministros
del Nuevo Pacto. Y una vez más vuelve a aclararles que hay mucha diferencia
entre el antiguo y el nuevo pacto. Ambos son revelaciones de Dios pero una es
mucho mas grande que la otra. El antiguo pacto, era de la letra que mata pero
el nuevo es del Espíritu, que da vida. El antiguo era ministerio de condenación
pero el nuevo de justificación. El antiguo había de perecer pero el nuevo es
eterno. El antiguo fue con gloria pero el nuevo fue con una gloria mucho mas
eminente. El antiguo decía: "Obra y vivirás"; el nuevo dice "cree
y vivirás". Oh!! Cuanta falta nos hace hoy considerar estas palabras que
nos revela Dios a través de Pablo!. Dice el cap 3 y también el libro de Exodo,
que Moisés cuando bajaba del monte de Dios, ponía un velo sobre su rostro
resplandeciente para que Israel no fijara los ojos en algo que habría de ser
abolido. Pero Israel no hizo caso, y se quedó mirando a Moisés. Se quedaron
hasta hoy mirando las leyes y las escrituras que hablaban del Mesías que
vendría, pero no supieron ver al Mesías. Ahora bien, no nos sorprendamos de que
a los judíos les haya pasado esto. ¿No pasa también hoy? ¿No sucede que aún
después de haber tenido el nuevo pacto a nuestro alcance por 2000 años todavía
muchos corren detrás de la letra y fijan sus ojos en Moisés aunque el nombre de
Cristo esté en sus labios y en sus canciones? La gran mayoría de las religiones
proponen el mismo sistema de Moisés. Leyes ritos y mandamientos a ser guardados
a cambio de una salvación incierta basada totalmente en el mérito y el esfuerzo
humano; se parece mucho a lo que proponen el marxismo y el humanismo. Aún en
muchas iglesias evangélicas, detrás de todo un gran aparato hecho en el nombre
de Jesús, subyace la abolida doctrina del "obra y vivirás" y el
sistema que glorifica al hombre y no a Dios. Es el antiguo pacto disfrazado,
pero que aún mata, y que aún condena. Cuantos cristianos que dudan de su
salvación porque todavía están esperando cumplir la ley (aunque sea una versión
actualizada de ella) y como antaño, ahora tampoco pueden cumplirla. Ah! El
nuevo pacto nos dice: "cree en Jesucristo y vivirás". El antiguo
pacto, esa tabla de la ley, fue y aún sigue siendo una vara de medir que solo
sirve para decirle al hombre: ¡Eres falto! ¡No llenas la medida de Dios!. ¡Eres
condenado!. Pero el nuevo le dice: Aunque eres falto, ¡Cristo llenó la medida
abundantemente por tí!. Cree en Él y serás justificado. "Cree en el Señor
Jesucristo y serás salvo".
Vamos ahora al primer versículo
que hemos leído:
No a nosotros mismos: Desde la caída de Adán, el mal reinó en la tierra y en
todas las épocas el pecado causó estragos en la humanidad. Pero estamos
llegando a los tiempos donde se dijo que la maldad habría de multiplicarse. La
idolatría existió siempre, mas ahora es mayor que nunca. El egoísmo existió
siempre, pero ahora es más grande. Hay ídolos de todas clases. Ídolos del
ambiente artístico, del deporte, de la política, del mundo de los negocios y de
la música. Ídolos de fundición y de imágenes de talla y también ídolos de carne
y hueso. Aún dentro de las iglesias se reverencia al hombre, se exalta al líder
se conceden títulos y honores de los cuales solamente Dios es digno. En plena
época donde muchos se predican a sí mismos, Pablo repite: "no nos
predicamos a nosotros mismos", no al hombre ni a la obra del hombre, sino
a Jesucristo como Señor: Quizá como nunca antes, el nombre de
Cristo es predicado; pero ¿lo estamos predicando como Señor? Muchas veces, la
predicación es un show donde Cristo vendría a ser como una especie de productor
o el respaldo de los "milagros" que allí se hacen, pero donde el
centro es un "Pastor" muy conocido y que pide mucho dinero. Otras
veces se predica de tal manera que parece que el evangelio y la conversión se
reducen a un acto externo de "pasar al frente" o “levantar la mano”,
y luego se puede continuar con una vida donde Cristo no reina y no es el Señor.
¡Él es Señor! Y si entra en nuestra vida, lo hace con el propósito de ser el
Señor en nuestras vidas. Si Cristo toma el control en el corazón de una
persona, aquellos frutos de Gálatas
5:22, (… amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza) comenzarán a manifestarse muy pronto. El es y será el Señor: Señor
de todo el universo, Señor de las circunstancias, Señor absoluto en la vida del
verdadero cristiano; Señor por los siglos y la eternidad.
A continuación nos habla la
escritura de ese milagro grandioso que se produce en el creyente y que es el nuevo
nacimiento: imprescindible para entrar al cielo y la vida eterna.
Imprescindible en cada predicación del evangelio de Cristo. Es el Espíritu
Santo de Dios entrando al corazón del que cree, dando vida, iluminando al alma;
porque el que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que
resplandeció en nuestros corazones. ¿Y qué es lo primero se ve cuando la luz de
Dios irrumpe en un corazón? : es la gloria de Dios en la faz de Jesucristo!!!
.Quizá antes habíamos visto y considerado la gloria de la creación de Dios;
vimos y nos maravillamos de la belleza de un paisaje, de la ternura de un niño
pequeño, de la inmensidad de los cielos; nos asombraron las leyes de la
naturaleza, la profundidad de su sabiduría y lo inescrutable de sus misterios;
pero cuando la luz del espíritu Santo resplandece en las tinieblas del alma,
vemos la gloria infinita de Dios en la faz de Jesucristo. Podemos llegar a
darnos cuenta que recién ahora empezamos a entender lo que significa el amor.
Podemos llegar a saber que en ese ser Único llamado el Hijo de Dios, están
conjugados la justicia y el amor; la humanidad y la Deidad. El tiempo y la eternidad.
Es esta luz la que hace que empecemos a ver las cosas como Dios las ve. Es el
Espíritu de Cristo en el creyente el que revoluciona su vida. Como lo hiciera
una vez en el templo trastornando las mesas de los cambistas, irrumpe Cristo en
el alma y comienza a expulsar aquellas cosas inmundas y pecaminosas para que
seamos santos porque Dios es Santo. No es ahora la religión del rito, y la
ceremonia. No es la relación del empleado y el patrón. No es la ley del
trueque. Es la religión de la sinceridad y la sencillez de corazón; es la
relación de un Padre y un hijo que se aman; es la ley de la fe y el amor.
Pero tenemos este tesoro
en vasos de barro:
Tener al Espíritu Santo es el más grande tesoro que un hombre o una mujer
pueden tener; pero… ¿tienes tú este tesoro? ¿Ha habido esa convicción de
pecado, y ese arrepentimiento que te llevaron a buscar al Salvador? ¿Resplandeció
la luz de su evangelio en tu vida?
Oh! ¡Que hermoso poder decir que
tenemos este tesoro!; pero es cierto que tenemos este tesoro en vasos de barro:
Adán fue hecho de barro y como dice la escritura, al polvo vuelve. El barro es
de escaso valor, se rompe y se corrompe fácilmente. Es débil; y así somos
nosotros, débiles y fáciles de romper. Por eso, aunque somos cristianos,
perdonados, salvados y justificados, muchas veces estamos atribulados:
por la enfermedad, por la necesidad económica, por la falta de reconocimiento y
consideración de los demás, por el olvido; pero Cristo nos sana y consuela, nos
suple, el sí nos tiene en cuenta y no se olvida de nosotros. Otras veces estamos
en apuros ya sea económicos o en un trabajo difícil, o porque cometimos
un error. Pero no estamos desesperados porque El nos sostiene de la mano
derecha y nos dice "yo te ayudo". Quizá estemos perseguidos
por la enfermedad o la prueba. Perseguidos por la burla el desprecio o el olvido;
Él es nuestro escape, Él es la puerta de salida de nuestra persecución y es nuestro
amparo. Quizá estemos derribados. Porque la aflicción nos dejó
sin fuerzas, o porque hemos pecado y nos hemos detenido en el camino; pero no
estamos destruidos porque nada ni nadie puede destruir a los hijos de Dios y
nos levantaremos porque la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado!!.
Cuantas veces somos plenamente
conscientes de este vaso de barro. ¡Cuantas lágrimas hemos derramado a causa
del vaso de barro!. Y muchas veces también hemos sentido la tentación de
esconder el vaso de barro. Hemos oído decir que si un cristiano está triste o
desanimado es un cristiano derrotado. Quizá nos han colgado el cartel de líder,
de predicador, de campeón en alguna de las áreas de la vida cristiana. Y cuando
nuestro vaso de barro se encarga de mostrarnos que ese cartel nos queda grande,
somos tentados a fingir una espiritualidad que no tenemos; a fingir que estamos
tranquilos y seguros cuando en realidad estamos atribulados o en apuros.
Tratamos de disimular nuestras fallas y aun nuestros sentimientos. ¡No! que
nadie piense que soy mejor de lo que soy. Que importa que otros vean mis
defectos y noten mi debilidad. Somos vasos de barro. Pero Dios ha querido
hacernos depositarios de un tesoro. Si he errado, si he pecado si he caído, si
la fuerza me faltó, es tiempo que reconozca y confiese mis errores y pecados.
Es tiempo que me levante y prosiga. Si mi reputación se desmorona, si la
debilidad de mi vaso de barro se hace más evidente también es cierto que la
excelencia del poder de Dios se hace mas
evidente y se perfecciona en la debilidad.
Pablo decía: Prosigo a la meta al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Fil 3.14) ¡Prosigamos nosotros también! Si
nuestro hombre exterior este vaso de barro se va desgastando, el interior, el
tesoro de Dios, se renueva de día en día.
Que Dios los bendiga!
Si desea hacer comentarios o solicitar mas información, escriba a hbaulies@infovia.com.ar
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5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. 6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, 8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
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al texto de la meditación
Ga 5:22
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.