¿Quién es mi prójimo?
Lc 10:25 (Haga click para leer el pasaje bíblico)
Aquí la Biblia no solo nos enseña quién es nuestro prójimo y cómo actuar con el, sino ¡quién es y cómo actúa aquel Gran prójimo que tanto nos amó, y hasta dónde son los alcances de su obra y hasta dónde llegan los lazos de su amor!
En primer lugar vemos cuanta semejanza hay entre aquel hombre caído en el camino y nosotros los hombres de hoy. Si consideramos al hombre en su estado espiritual, le vemos caído y despojado. Los "ladrones" le han despojado... Uno dirá :" a mí, el vicio me despojó de mi familia y de mi salud". " La avaricia hizo estragos en mi vida", dirá otro. Quizá fue una pasión, un pecado, el temor o el mal genio que robaron la paz y la felicidad de otros. El mas grande ladrón que despojó y sigue despojando a los hombres, es la incredulidad. El viejo diablo, ladrón y mentiroso empezó en el Edén y sigue hoy sembrando la duda y la incredulidad en los corazones humanos y nos sigue despojando y algunos podrán decir hoy en el infierno: " a mi me robó la vida eterna".
Dice también este pasaje, que aquel hombre quedó medio muerto. ¡Qué asombrosa descripción es esta, del estado de la mayoría de las personas hoy en día!.
Nos enseña la Biblia que la muerte física es la separación del alma y el cuerpo. Pero hay también una muerte mucho peor que la física, que es la muerte espiritual. Esta es la separación del alma, de la presencia de Dios. El hombre o la mujer están a causa de su pecado ausentes y separados de Dios y por consiguiente, según la palabra de Dios, muertos espiritualmente. Por eso el hombre está medio muerto, porque aunque físicamente vive, espiritualmente está muerto.
¿Quién podrá ayudarle?. ¿ Quién podrá vendar sus heridas, calmar su dolor y darle vida espiritual?.
Nos dice la parábola, que un sacerdote se acercó pero pasó de largo. Así es la religión. Se acerca un poco al hombre y a su problemática pero no le da solución. Hay más de 2500 religiones en el mundo muchas de ellas con la intención de ayudar al ser humano, pero no pueden hacerlo. Ah! Las religiones, son solo pobres escaleras que los hombres construyen con el afán de llegar al cielo, pero no pueden hacerlo.
También un levita, se acercó pero viéndole pasó de largo. Símbolo es de la clase erudita de aquella época. Ellos conocían la ley y la enseñaban al pueblo. Así es la ciencia hoy. Da cátedras de muchas materias pronuncia grandes teorías y opina sobre todos los temas. Pero frente al problema espiritual del hombre caído, nada puede hacer. A pesar de los avances científicos, vemos que cada vez hay más violencia, más inmoralidad, más corrupción y más maldad.
Pero he aquí que un samaritano, se acercó ¡y no pasó de largo!. ¡Que gran figura es esta de Jesús!. Aquel que nos vio de lejos, que estando en su trono de gloria, se acercó a nosotros. Aquel que vio a Simón el pescador y pudo discernir en él el material para hacer al gran apóstol Pedro. Aquel que miró a Saulo el perseguidor y pudo ver en el, al apóstol de los gentiles. Aquel que vio en Juan, aquel muchachito, al que sería capaz de relatar cual ninguno la grandeza de Su amor. Aquel que "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y hallándose en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!"(Fil 2:6-7).
Pero no solo esto: dice que fue movido a misericordia. ¡Que hermoso saber que el corazón de Jesús se conmueve al ver nuestra necesidad, debilidad e impotencia.! ¡Cristo te ama!
Dice también la parábola, que El le vendó las heridas echándoles aceite y vino: Hay una sola cura para esa enfermedad del alma, que es el pecado y que la separa de Dios y del gozo de estar en Su presencia: es la sangre de Cristo, derramada en la cruz del calvario. Como dijera el Señor: " porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados". Y hay un solo tratamiento para la muerte espiritual: nacer de nuevo por obra del Espíritu Santo; este es el aceite que Dios en su gracia derrama sobre los hombres medio muertos para darles la vida verdadera.
No dice este pasaje, que el samaritano haya averiguado si aquel caído junto al camino, era digno, o no, de ser ayudado. No dice que el haya investigado si había en aquel hombre mérito alguno para ser salvado. No dice tampoco que el herido se haya preparado para ser salvado sino que lo fue tal como estaba. Así también cada uno de nosotros puede ser salvado por Jesús tal como está, sin mérito alguno ya que es por gracia.
Tal como soy; sin más decir,
Que a otro yo no puedo ir
Y tu me invitas a venir;
Bendito Cristo, vengo a Ti.
Cristo quiere vendar tus heridas. Quiere salvarte de la condenación si no lo ha hecho ya.
No dice tampoco el pasaje, que aquel hombre caído, se haya resistido a los cuidados de su salvador. No te resistas tú, porque el te quiere salvar. No dice, aún, nuestro relato, que el herido haya tenido que ponerse en pie y caminar, sino que aquel samaritano, cargó con el.
Y así es con nuestro Salvador. No solo cargó con nuestros pecados en la cruz, sino que también carga con nuestras cargas, con nuestros problemas y lo que es más, con nosotros mismos.
¡Esta es una salvación grande! Y El ¡es un Gran Salvador!. Jesús es grande para salvar.(Is 63:1).
No solo vendó sus heridas, sino que también cuidó de el. ¡Que maravilloso! , tenemos un salvador que cuida de nosotros, que vela por nosotros, que nos entiende y nos tiene paciencia. Que tiene un propósito grande para nuestra vida.
También dice que luego de haber cargado con aquel pobre hombre herido, lo llevo al mesón. Lo llevó a un lugar seguro. Así es la iglesia verdadera de Jesucristo. Un lugar seguro, del cual se dijo que las puertas del infierno no prevalecen contra ella. Y que es columna y baluarte de la verdad (1Tim 3:15).
También vemos en esta maravillosa parábola que este gran Samaritano pagó por el pobre hombre. ¡Cristo, pagó por nosotros!. El es grande para salvar. Pensaba, al meditar en esto, ¿cuánto habrá pagado el Señor por mí?. El pagó una suma muy grande; ciertamente el pagó mucho más de lo que fue mi deuda con Dios; y no es que tu deuda o mi deuda sean pequeñas; al contrario son enormes pero la sangre de Jesucristo es de tanto valor, que cubre los miles de pecados de los millones y millones de pecadores. Dice el relato, que el samaritano pagó al mesonero y partió, pero antes habló de su regreso y dijo algo maravilloso: "Lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva..." Hermano, si dudas de tu salvación, si piensas que la puedes perder, acuérdate que Jesús pagó mucho más de lo que tu debías, aunque fuera mucho. Y que no hay pecado que la sangre de Cristo no pueda borrar, y que nada ni nadie puede arrebatar una de sus ovejas de sus poderosas y tiernas manos. ¡El es grande para salvar!
Ojalá podamos hoy descansar en sus fuertes brazos, para que el nos vende las heridas y nos levante y cargue con nosotros. El no mirará a nuestros méritos, simplemente nos salvará, y nosotros no debemos resistirle. Hagamos como aquel hombre herido, ¡confiemos en El y esperemos su regreso!
Si desea mas información, escríbanos a hbaulies@infovia.com.ar
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25 Y he aquí, cierto maestro de la ley se levantó para probarle, diciendo: --Maestro, haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? 26 Y él le dijo: --¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 El le respondió diciendo: --Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
28 Le dijo: --Has respondido bien. Haz esto y vivirás. 29 Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: --¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús dijo: --Cierto hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones, quienes le despojaron de su ropa, le hirieron y se fueron, dejándole medio muerto. 31 Por casualidad, descendía cierto sacerdote por aquel camino; y al verle, pasó de largo. 32 De igual manera, un levita también llegó al lugar; y al ir y verle, pasó de largo. 33 Pero cierto samaritano, que iba de viaje, llegó cerca de él; y al verle, fue movido a misericordia. 34 Acercándose a él, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino. Y poniéndole sobre su propia cabalgadura, le llevó a un mesón y cuidó de él. 35 Al día siguiente, sacó dos denarios y los dio al mesonero diciéndole: Cuídamelo, y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando vuelva." 36 ¿Cuál de estos tres te parece haber sido el prójimo de aquel que cayó en manos de ladrones? 37 El dijo: --El que hizo misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: --Vé y haz tú lo mismo. (Volver al sermón)
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1 --¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, vestido con vestiduras brillantes? ¿Quién es éste de ropa esplendorosa, que marcha en la grandeza de su poder? --Soy yo, que hablo en justicia, grande para salvar. (Volver al sermón)