La Hora ha llegado...
23/abril/2000
Muchas veces Jesús había levantado los ojos al cielo. Una vez,
ante la tumba de Lázaro, El dijo: “Padre, gracias te doy por haberme oído...” y
al regreso gozoso de aquellos 70 discípulos, alzando sus ojos exclamó: “Yo te alabo, oh
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los
sabios y entendidos, y las has revelado a los niños”. Pero ahora, El dice: “Padre,
la hora ha llegado” . Esa hora que El y el Padre conocían desde antes de la
fundación del mundo. Esa hora, imprescindible para todos los hombres desde el
mismo día en que Adán pecó. ¡Esa hora anunciada por todos los profetas y
esperada por todo Israel! La hora de aquella Pascua única y verdadera,
cuando el Hijo de Dios hecho hombre, fue sacrificado por todos los pecadores.
Esa hora que aún hoy sigue siendo el único medio de salvación para los hombres.
¡La hora ha llegado!.. Muchas veces, nosotros también, tenemos que decir
estas palabras. Al mudarnos de una casa querida donde hemos pasado multitud de
horas alegres y tristes, al ver los cuartos vacíos decimos: "la hora ha llegado de abandonar esta
querida casa"; al dejar en la escuela por
primera vez a nuestros hijos pequeños; cuando un hijo o una hija se casan,
cuando se van por primera vez del hogar, a la universidad o trabajar en otra
ciudad, sabemos que la hora ha llegado… Y se nos escapan las lágrimas; son
ocasiones que nos marcan y dejan una huella profunda en nuestra vida; nos
muestran que una etapa ya ha sido quemada y que otra nueva etapa ha comenzado.
La emoción y la nostalgia que sentimos,
se deben, en parte, a la circunstancia que vivimos; al ver que un objetivo se ha
logrado, que una meta se ha alcanzado o que hemos sufrido una pérdida; pero
también aunque sea menos notable, se deben al hecho de tomar conciencia de que
algo importante terminó y no volverá a repetirse jamás; ¡que el tiempo
pasó inexorablemente y no lo habíamos notado!; que estamos más viejos,
que la muerte es real y está al final
de esta corta y frágil vida...y entonces el alma se sacude en el interior y se
resiste y clama ¡Vida eterna! ¡Quiero vivir!... Dice la Biblia
que Dios puso eternidad en el corazón de los hombres y el pecado introdujo la
muerte y ambos han reinado desde Adán hasta ahora; pero los hombres no se
conforman con la muerte; han buscado trascender desde el principio; anhelan
perdurar y han inventado teorías, filosofías y religiones que los proyecten mas
allá: hablan del limbo, de la reencarnación, del "mas allá",del
paraíso, del nirvana y aún de la aniquilación total; pero Jesús dice, ésta es
la vida eterna: que te conozcan a ti el Único Dios verdadero y a
Jesucristo, a quien has enviado. ¡Conocerle a Él!
Único: aunque digan que hay muchos dioses y que cada uno tiene su
propio dios, a su manera, a su medida y según su necesidad; que es lo mismo Alá
que Buda y que el sol o la "madre tierra"; la Biblia nos enseña que
Dios es Uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo y que hay un solo Dios y un solo
mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre.
También nos dice que es el único Dios Verdadero: porque en
Él no hay engaño ni sombra de variación y es el mismo hoy, ayer y por todos los
siglos. La vida eterna consiste en
conocer a este Dios y fuera de Él todo es muerte y oscuridad.
Y a Jesucristo a quien has enviado: muchas
personas no tienen problema para creer en la existencia de Dios, ni en el cielo
ni en un montón de otras verdades; pero tropiezan con la persona de Jesucristo.
Quieren llegar a Dios pero no a través de Jesús. Piensan que sus méritos le
servirán; creen también que María puede ayudarles; que la misma María u otros
hombres (llámense Russell, E.G de White, José Smith, o una multitud de líderes
actuales) pueden, al igual que o a veces mejor que Jesús ayudarles y llevarles
a la vida eterna. ¡Que blasfemia es esta! Cambiar a Jesucristo el cual es Dios,
el cual es antes de todas la cosas y por quien todas las cosas subsisten (Col
1:15), por ídolos humanos pecadores. Nadie vendrá al Padre sino a través de
Cristo.
Leemos en el v4. que Jesús dice: "he acabado la obra que
me diste que hiciese": ¡Qué dulce suenan al alma estas palabras! Tú
que anhelas el cielo y la vida eterna, tu que creíste en Jesucristo y has leído
en la Biblia que el que cree tiene vida eterna. ¡Cuántas veces el diablo te
hace dudar! Porque tus obras no son perfectas, porque ¡aún después de haber
creído, caíste!; y él te acusa y te dice: “si fueras hijo de Dios, no habrías
caído”. Cristo te repite: “He acabado la obra”, ¡no depende de ti, no depende
de lo que tu haces, sino de lo que Cristo ya hizo! No es por obras, es por fe,
para que nadie se gloríe. Pedro, negó al Señor pero en ese momento de la
negación, era tan salvo como cuando años después pusiera su vida por Cristo.
¿No es maravilloso?, ¿no es esto el evangelio(buena noticia)?.
Tú que dices: “yo seguiría a Cristo, pero soy débil y no podré
perseverar”: ¿No dice acaso “he acabado la obra”?. El dijo en la cruz,
“consumado es”. No es una obra improvisada por el Señor; es la obra planificada
por la Trinidad desde el origen de los tiempos, es “la obra que me diste que
hiciera”!. Pero... ¿no faltaba aún la cruz? ¿Cómo dice el Señor he acabado la
obra?. Ah! Porque nos dice su palabra, que Él puso su mirada más allá de la
cruz, en el galardón (He 12:2), en el gozo puesto delante. El te miraba a ti y
a mí y no había fuerza en la tierra ni en los cielos ni en el infierno que
pudiese detener al Señor ni hacerle desistir. ¡Tal es su amor!
Creo que si en algo debemos sentir temor y reverencia es al
contemplar Getsemaní. Los discípulos pudieron acercarse al Señor y tocarle en
muchas ocasiones, pero en Getsemaní debieron permanecer como “a un tiro de
piedra”; pudieron percibir a lo lejos algo de sus agonías. Siempre será así para
nosotros. Apenas podremos vislumbrar algo de lo que pasó por su alma. Mas vale
el silencio que las palabras. Pero quisiera decir que pienso que él se
angustiaba, no por los clavos y las espinas, sino por ti y por mí. Por tener
que ver de cerca y en detalle los crímenes de aquellos hijos que amaba tanto.
Por el dolor que produjeron a su corazón sin pecado, los tuyos y los míos...
Por la angustia de pensar que ellos pudieran caer nuevamente en esos pecados.
Por eso el dice: Padre ya no estoy en el mundo, pero éstos están en el mundo...
Padre Santo,... guárdalos en tu nombre,...
Dice el v6., “he manifestado tu nombre a los hombres que del
mundo me diste”; es como si dijera: Padre, les he enseñado cómo eres Tú; he
vivido de tal manera, les he dicho tales palabras, les he puesto tales ejemplos
que ellos pueden saber cómo eres Tú; Padre ahora sabrán cuánto Tú los amas..!
En este domingo de Pascua, ¿puedes decir?: Yo he conocido cómo es
Dios; ¡yo puedo dar testimonio de su amor por mí! Yo he creído y he recibido
sus palabras! ¿Puedes hacerlo? , o todavía estás andando en tu propio camino y
a tu manera, tratando de salvarte por ti mismo; mostrando que no eres tan
pecador y que tus faltas no son tan graves; girando en círculos como los
insectos en verano lo hacen alrededor de la luz que los atrae y que finalmente
les causará la muerte; quizá diciendo: ¡no puedo salir! El dijo: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres.”(Jn 8:36).
En el v9. dice el Señor: “Yo ruego por ellos” El oró por ti y por
mí: ¿habrá algo que Jesús le pidiera al Padre y el Padre no se lo concediera?
El todavía intercede por ti. Hasta cuando le harás esperar?
Resumiendo un poco lo dicho, Cristo dice al Padre: he acabado la
obra a favor de ellos, he manifestado tu nombre a ellos, he rogado
por ellos y ahora dice:
“¡He sido glorificado en
ellos!” Para entender esto, tendríamos que pensar primero un poco en qué
significa la gloria. La gloria de una persona, es aquello que muestra mejor la
excelencia de esa persona en algún aspecto de su vida; hace un tiempo hablaba
con alguien que había tenido la oportunidad de visitar la casa de un jugador de
fútbol muy conocido. Allí en una gran habitación estaban colocados infinidad de
trofeos, banderines, medallas, fotos de sus goles mas resonantes, y otras junto
a las figuras mas destacadas del deporte. Esos trofeos eran su gloria. Hay
multitud de cosas en la que los hombres suelen gloriarse. Pero en realidad, la
gloria de los hombres, como la Biblia dice, es como la flor de la hierba que se
marchita. Sin embargo, ¡Dios si que tiene verdadera gloria!.El Señor Jesús
podría gloriarse en muchísimas cosas; pero lo que nos conmueve, es que el no
dijo yo he sido glorificado el las legiones de ángeles, ni en los millones de
galaxias que mi poder creo; ni en las montañas majestuosas ni en los mares, ni
los ríos, ni los amaneceres dorados ni
siquiera en la belleza de los campos o en la multitud de criaturas que mi mano
hizo. Jesucristo, en esa hora trascendente y crucial que había llegado, dijo:
Yo he sido glorificado en ellos. Como diciendo: Padre, míralos ¡ellos
son mi trofeo! En ellos se goza mi alma. Ellos son mi tesoro mas preciado. Oh!
Dios anhela poder decir de nosotros pequeños seres humanos los mismo que dijo
de Job: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la
tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” O
testificar de ti o de mi como lo hiciera de nuestro salvador; “Este es mi Hijo
amado, en quien tengo complacencia”
Para finalizar veremos las características que distinguen al
verdadero discípulo:
1) Ellos recibieron y creyeron las palabras de Jesús.
2) v13.Dice que tiene el gozo cumplido en si mismos. El Espíritu
Santo que reciben los que creen a evangelio de Cristo hace que el creyente
tenga gozo y se sienta completo. El gozo del espíritu es mejor que la
marihuana, que el éxito; mejor que lo campeonatos, que la fama y el placer;
mejor que las películas y que la alegría del vino y la cerveza.
3) Dice el v14. que el mundo los aborreció, y si queremos vivir
cristianamente no pasará mucho hasta que seamos menospreciados y hasta
perseguidos.
4) v20. Habla de los que creerán en Cristo por la palabra de “ellos”.Muchos creerán por la palabra de un
verdadero cristiano. Si bien la meta es creer en Cristo, muchos llegarán a esta
fe porque primero confiaron en un cristiano que fue fiel y dio un testimonio y
un ejemplo que inspiró confianza a otros.
5) Tendrá comunión con Dios. Vivimos una época donde la “unidad” de los cristianos preocupa a
muchos. Aún este pasaje que nos ocupa hoy, ha sido usado para pregonar la
unidad. Lo que muchos no han notado, es que este pasaje habla de una unidad
vertical. Que seamos uno con Dios y con Cristo: “Yo en ellos, y tú en mí, para que
sean perfectos en unidad” Ah! Si tuviéramos más unidad con el Padre y con el
Hijo, no tendríamos que preocuparnos en forzar la unidad entre los cristianos y
no tendríamos dudas sobre con quien
debemos y con quien no debemos unirnos!
¿Puedes mirar en tu interior?, ¿puedes reflexionar sobre tu vida y
decir: yo soy un cristiano de verdad? Puedes recordar el día en que cargado con
tus muchos pecados fuiste a sus pies y clamaste por perdón y el te libró de tu
carga?
Si no puedes hacer esto, HOY es el día para hacerlo. Decíamos al
principio que muchas veces alcanzamos el
final de una etapa y tenemos que exclamar: “La hora ha llegado”; ¡LA
HORA HA LLEGADO PARA TI! Recibe a Cristo y síguele.
Para terminar, en el v24. vemos a Jesús diciéndole al Padre, por
única vez “quiero”. Quiero que ellos estén conmigo y vean mi gloria.
¿Habrá alguien en este domingo de Pascua que pueda dudar del amor
de Cristo?
Si tu le confiesas a Él tus pecados y arrepentido crees en su obra
acabada y le recibes hoy, tu también estará con Él y ¡veras aquella gloria que tuvo
con el Padre antes que el mundo fuese!!!
Amén
Si desea expresar algún
comentario, escriba a hbaulies@infovia.com.ar
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Citas Bíblicas:
1 Estas cosas
habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado;
glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2 como le has
dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le
diste. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios
verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la
tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame
tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.6
He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me
los diste, y han guardado tu palabra.7 Ahora han conocido que todas las cosas
que me has dado, proceden de ti;
8 porque las
palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido
verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9 Yo ruego por
ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,10 y
todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya no
estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a
los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como
nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre;
a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo
de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora voy a ti; y
hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo
les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como
tampoco yo soy del mundo.
15 No ruego que
los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como
tampoco yo soy del mundo.
17 Santifícalos
en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los
he enviado al mundo.
19 Y por ellos yo me santifico a
mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20 Mas no
ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la
palabra de ellos, 21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en
ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me
enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así
como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en
unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a
ellos como también a mí me has amado.24 Padre, aquellos que me has dado, quiero
que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me
has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25 Padre
justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido
que tú me enviaste. 26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer
aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.