La samaritana

Jn 4:1-42

Nos dice el texto en el vers. 6, que Jesús se sentó, cansado del camino. Que fácil hubiese sido para él haber usado su poder para salvar la distancia como lo hiciera la vez que caminó sobre las aguas. Que fácil hubiera sido para él hacer aparecer la comida como lo hiciera con los panes y los peces. Sin embargo el se cansó caminando y envió a comprar comida, en lugar de hacer un milagro. Estamos viviendo la época de la religión espectacular; con mucho ruido y con gente que se cae, con milagros y con grandes multitudes. Sin embargo lo importante no es lo espectacular: solo siete milagros se relatan en el evangelio de Juan. También vemos que el Señor predicó este hermoso sermón, no a una multitud sino a una solitaria mujer de Samaria. Hermanos, ¿estamos siguiendo con perseverancia a Jesucristo? Entonces no nos desanimemos si no vemos cosas espectaculares en nuestra vida y en nuestra iglesia. ¡Mejor es mover montañas de pecado que montañas de piedra!

El Señor Jesucristo dijo a esa mujer: "Dame de beber"… El iba a enseñarle una gran lección sobre la sed del alma y sobre el agua de la vida y para ello comienza hablando de la sed natural y del agua natural. ¡Que contraste con el lenguaje inflado que muchas veces oímos en estos tiempos! Aquella Samaritana tenía una gran sed en su alma. Había tenido cinco maridos. Seguramente tenía una vida tumultuosa. Habría buscado en esos "maridos" la seguridad, el amor, la diversión, la alegría; pero después de uno vendría el otro y aquella alma seguía vacía y sedienta. ¿No es verdad que muchos hoy padecen esta sed? La Samaritana saciaría la sed de su alma en aquella tarde y es asombroso comprobar cómo la figura de Jesús se fue agrandando en el concepto de aquella mujer. Comenzó siendo para ella un simple judío que estaba sentado junto al pozo, pero poco a poco vería que Él era aquél Hijo de Dios esperado por Israel.

Jesús le dijo: si conocieras…¡Cuántas cosas nos perdemos por no conocerlas! Miles de jóvenes piensan que ir tras una vida de diversión y placer satisface más que seguir y obedecer a Jesucristo. ¡Esto, es porque no lo conocen!. Miles de adultos piensan que la paz y la felicidad están en el dinero los negocios y el consumo de bienes materiales. ¡Esto es porque no lo conocen a Jesús!

Le dijo: "Si conocieras el Don de Dios…" Él es el regalo maravilloso de Dios. Es la manifestación de la verdad y la Gracia de Dios. Cristo está al alcance del hombre y de la mujer, del joven del niño y del anciano, porque Él es el regalo de Dios.

¡Cuán distinto nos resulta algo cuando nos pertenece!. Quizá podemos ver un hermoso auto deportivo estacionado en la calle y pensaremos ¡Qué hermoso auto! Pero muy posiblemente no pasemos de ahí. Ahora si viniera un señor muy rico y nos regalara el mismo auto, y tuviéramos un papel que acredita la propiedad de ese auto, las cosas serían diferentes. Quisiéramos andar y probarlo y averiguar todas sus cualidades y quizá a la noche no podríamos dormir porque estaríamos gozosos y ansiosos y expectantes. De la misma bre pecador halla perdón de pura gracia y que no debe hacer nada para ser salvo, entonces el gozo y la paz sobreabundan. Entonces el alma está segura porque no depende de sí misma, no depende de su perseverancia ni de sus méritos sino de los méritos y la perseverancia de Cristo en la cruz. ¡¡Bendita seguridad! ! ¿Creemos esto?

Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice…Este es el punto crucial de la vida de todo hombre y también de la mía y la tuya. ¿Quién es Cristo para ti?

Toda la discusión que el Señor tuvo con los fariseos y los saduceos giró en torno a quién era él. Decían: ¿no es este el hijo del carpintero? ;en otra ocasión: ¿Quién es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?. ¿Quién es este que aún el viento y el mar le obedecen? decían otros. Pilato preguntó: ¿Eres Rey? Esta pregunta necesariamente aparece en el corazón de todo hombre o mujer , tarde o temprano y también en el corazón de esta samaritana: ella dijo: ¿eres tu mayor que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo? ¡Ah! ya no era un simple judío este hombre que le había pedido de beber. Verdaderamente ella necesitaba del agua que calma la sed del alma. Cuán cierto era que esa vida tumultuosa no había satisfecho a su alma. Cuan cierto es que el placer no satisface, ni el dinero ni siquiera el éxito. Tampoco las obras el esfuerzo y el mérito. ¡Solo conocer a Aquel que es la fuente de la vida! Dame esa agua, dijo la mujer. Ella estaba intrigada sobre quien era Jesús, pero dijo: ¡Dame esa agua!. Los fariseos nunca dijeron esto. ¡Oh! Si usted de verdad cree en Jesús debe decir hoy ¡Dame esa agua!

En el vers.16 nos dice que el Señor mandó que llamase a su marido. Con esto le hizo comprender que para Dios el pecado no pasa desapercibido y es algo que debe ponerse en claro. Confesar el pecado y restituir o que puede ser restituido. Siempre que alguien va a Jesús el tema del pecado debe ser aclarado y arreglado.

En el 19 ella le llama profeta… Poco a poco aquel judío y ella es llevada a pensar en el punto clave de la adoración. La Biblia nos enseña en muchos lugares que la verdadera adoración es más importante que el servicio. Cuando Marta le reprocha al Señor que María la dejaba servir sola, Jesús le dijo que María al estar postrada a sus pies escuchándole y admirándole, había escogido la buena parte la cual no le sería quitada.(Lc 10:42). A Timoteo, Pablo le recomienda: "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina" poniendo antes el "ti mismo". Si no adoramos a Dios en espíritu y verdadera mente no seremos buenos siervos. Vivimos épocas donde se ha desvirtuado la adoración y muchos piensan que la alabanza y la adoración consiste solo en música la cual muchas veces está asociada a letras muy pobres que no revelan ni el mas elemental conocimiento de las mas grandes verdades del evangelio. Palabras mal hilvanadas repetidas hasta el cansancio. Pero aquí Jesús nos enseña que la verdadera adoración es en espíritu. Llevada a cabo en la parte más íntima del ser. Salida de ese recipiente interior de donde mana la vida. No necesariamente asociada a la música, pero si la contemplación; sí a la integridad de corazón y a la santidad y a la obediencia. Y también es en verdad : o sea fundamentada en las grandes verdades bíblicas que son la que verdaderamente nos enseñan a conocer a Dios y a verle como realmente es; y en verdad porque debe salir de un corazón sincero que está abierto ante la mirada de Dios y que nada oculta a su Señor.

Y aquel sermón de Jesús que comenzó con un vaso de agua, llevó a esa Samaritana al punto de pensar en el Mesías esperado por Israel.

Y en ese momento Cristo pronuncia aquellas palabras majestuosas: Yo soy, el que habla contigo. Esas palabras que tanto encierran, porque son el verdadero nombre de Dios. ¡Cuantas veces Jesús había dicho Yo soy. Yo soy el pan de vida, ¡el que sacia toda hambre espiritual y toda sed del corazón!; Yo soy la vid verdadera, ¡que como pámpano te sustenta en todas la situaciones de la vida! Yo soy el buen pastor, ¡para corregirte y para guiarte a los buenos pastos! Yo soy el camino, ¡a Dios al cielo y a la vida eterna!; Yo soy la luz, ¡para hacerte ver la cosas profundas y entender las cosas misteriosas y para mostrarte por donde debes pasar!; Yo soy la puerta… ¡la puerta de entrada a toda bendición y la puerta de salida de todos los problemas! Yo soy la resurrección y ¡puedo obrar aún después de la muerte! ¡Yo puedo obrar aunque los hombres piensen que ya es demasiado tarde! ¡¡Yo soy, el que habla contigo!! Soy ese medidor cercano salvador pero también amigo y consejero!! Soy el que habla contigo!!

Nos dice el pasaje, que aquella mujer, dejó su cántaro: Casi siempre, al ir a Jesús, debemos abandonar algo. Pero cualquier ocas que se a la que abandonemos, no será pérdida ni desperdicio. Seguramente José, en Egipto, mirando la gloria de su posición ante Faraón, y viendo a su padre y hermanos a salvo del hambre de la tierra y contemplando a los hijos y la esposa que Dios le había dado, pensó: ¡no fue desperdicio haber huido de la mujer de Potifar!. Moisés ante la vista de la tierra prometida y viendo la huestes de Israel, seguramente pensó que no fue desperdicio abandonar los lujos y las riquezas de la corte de Faraón. ¡María no pensó que fue desperdicio haberse privado del perfume de nardo de alto precio, cuando ese aroma impregnó el aire en el Sanedrín y en le palacio de Herodes y al pie de la cruz y aún hoy en cada lugar donde se adora a Jesucristo, el perfume del vaso de María llega hasta nosotros porque el Señor dijo en cualquier lugar donde el evangelio se predique, se contará lo que hizo para memoria de ella! Muchos mas, son los que podríamos nombrar. Y surge la pregunta: ¿Porqué ellos pudieron abandonar esas cosas, cuándo el mundo pensaba que estaban desperdiciando su vida? Porque mas allá de las circunstancias supieron ver a Jesús. Dice la Biblia que Moisés se sostuvo como viendo al invisible y Job en el medio de su calamidad pudo decir: ¡Yo sé que mi Redentor vive!

David cuando ya partía de este mundo, aun contemplaba a Jesús como toda su vida lo hizo, y exclamó: "Habrá un justo que gobierne entre los hombres, Que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra." ¿No debiéramos vivir así? Y Dios quiera que alguien hoy pueda decir a Cristo como lo hiciera aquella Samaritana: ¡¡ Dame esa agua!!

Amén. 

Si usted lo hizo, escríbanos a hbaulies@infovia.com.ar

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Citas Bíblicas:

Jn 4:1-42

1 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan 2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), 3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. 4 Y le era necesario pasar por Samaria. 5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. 6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. 7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12 Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. 16 Jesús le dijo: Vé, llama a tu marido, y ven acá. 17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; 18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. 19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. 27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? 28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: 29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? 30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él. 31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. 32 El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? 34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35 No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. 36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. 37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. 38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores. 39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. 40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. 41 Y creyeron muchos más por la palabra de él, 42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

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