Para los griegos, las
estrellas eran agujeros practicados en una gran
cáscara opaca en cuyo exterior ardía un fuego
eterno.
La cáscara envolvía a
la Tierra, a la Luna, al Sol y a los planetas. Todos,
a su vez, giraban alrededor de un fuego ubicado en el
centro del universo.
Este fuego central no
podía ser visto puesto que la Tierra giraba a su
alrededor ofreciéndole siempre la misma cara. La
opuesta a aquella donde se encontraba Grecia y sus
vecinos.
El creador de esta
teoría fue el filósofo Filolao ( V a. C.) y fue el
primer intento que registra la historia de una
teoría en la que la Tierra está en movimiento.
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