CON-VIVENCIAS EN PUNTA ALTA (1940-1965)

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  Introito

  Barrios

Instituciones

 1ra.Parte

2da Parte

 Conclusión   Vendrán

Por qué

SUMARIO

INTRODUCCION

¿Por qué‚ escribo así?

 Circunstancias  etarias

PRIMERA PARTE:

CHICOS PRIVILEGIOS  DE CHICOS  DE BARRIOS CHICOS

SEGUNDA PARTE:

GRANDES  CASTIGOS  DE   LOS GRANDES SIN GRANDEZA

 CONCLUSIÓN:

LA REALIDAD ES LA ÚNICA VERDAD”   Y “LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON     

 LOS QUE VENDRÁN

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BARRIO DEL CASTILLO

    Debieron pasar muchos años antes que me diera cuenta de que no sería sólo en Punta Alta, en la que un excéntrico, edificase en los inicios del siglo XX, un Castillo y en las afuera del pueblo. La calle San Martín -por entonces casi inexistente- era el límite entre la ciudad que venía y el campo en retirada. No obstante, la progresiva modernidad encontré un enclave medieval y el misterio se hizo fácilmente castillo. El barrio quedó con su nombre, la imaginación, puso el resto.

    No faltaron leyendas y comentarios, que   generalizaban el temor, más cuando, al fin de cuentas, el Castillo estuvo casi siempre   abandonado, tal vez, precisamente por esto, se daba mayor crédito a aquello    de:   "Se escuchan ruidos de cadenas". "Apareció el Chancho verde". "Anda un alma en pena", etc. Para mejor, de tanto en tanto el barrio aparecía, por distintos motivos, en crónicas policiales.

    En ochava -donde hoy está la Terminal de Ómnibus, estaba el sendero a algunas quintas entre los médanos y a su vez campito de fantasías circenses, ilusiones de parques y de barriletes al cielo. Territorio éste de límites un tanto difusos, casi mágicos, entre el misterios de las noches y la algarabía de los días. Mateada entre las dunas, y rodadas de niños de arriba abajo de las lomas. En días de agosto, con la venida de los vientos, los barriletes ponían colas a las nubes y los circos inflaban sus carpas embolsando colores, ritmos, suspensos y alegrías. Mientras los parques daban "tiros" de esperanzas a la ilusión por “ganar” algo de lo perdido.

    Debió pasar mucho tiempo, y, la construcción de muchas casas para que el barrio perdiera  su "etiqueta"; el Castillo se convirtiera, además de colegio, en leyenda. Y, sus barras bravas de muchas mentas, pasaran a ser las mejores comparsas de los Corsos de "antes", con pícaros estribillos como estos:"Las mujeres de hoy en día no saben hacer un guiso se la pasan todo el día con dos huevos  y  un chorizo" "Una vieja se sentó arriba de un hormiguero    y las hormigas muy traviesas se le metieron en el cu...banito sí señores"

    Pero este barrio, de gente trabajadora, a modo de  anacrónica gleba, era de sensible presencia en la  Punta Alta de entonces, cuando aún no existía ni el asfalto ni el Hospital, y varios  mateos daban sus últimas vueltas   Sólo recuerdo algunos nombres de quienes quizá solo  mi imaginación asocie al Castillo: Los Ponce,  Luís y Celia Giumele, los Polvorino, los  Pellegrina, los García, Richard y Héctor Blanco, el Negro  Guerrero,  Juan Carlos, Gladys  y Luisa Vallejos entre muchos otros que no conocí. Seguramente, habrá quiénes -con más protagonismo y conocimiento puedan hablar con más propiedad sobre los orígenes de éste hoy populoso Barrio. Mi intención es que no caiga   como "Castillo de arena que el viento se lo llevó".

    Por 1947, aquí tenía su gente de estado, el que fuera diputado y amigo, don Tito Albanessi, otro importante referente peronista de la época. Hombre cordialmente sociable, político de conocidas mañas, buena cintura y algunas agachadas.

    Pero, era parte de su habilidad política que de ningún modo disminuían su honorabilidad, menos en el afectuoso trato que recibía y gustoso daba, a las más lindas chicas, de recíprocas simpatías. Hombre cortés, de hablar bajo, confidente de pocos, suspicaz, de mirada gatuna y poncho “jauretcheano”. Amigo de gauchadas y favores políticos. Fumador con estilo personal. Bebedor de "tomo y convido" capaz de gastar  horas en charlas de parroquianos en el Bar del Castillo, donde  en    algunas oportunidades lo acompañaban sus más leales amigos y compañeros.  Un Mercedes Justicialista a gasoil, le permitía   disimular sus tiempos, siempre lo dejaba andando, y pocos se daban cuenta si recién llegaba o ya se iba. Es casi seguro, que desde su diputación trabajase también por la autonomía de Punta Alta junto a Mercante y a Atilio Bramuglia. En 1955 la pasó fea, como la mayoría de los funcionarios peronistas. Sin embargo vale aclarar por el aprecio que la gente le tenía,   se puede decir, que fue un buen referente justicialista  y, no un "jerarca",que por supuesto los hubo. De ahí que, producido el 55, mantuvo estrecha relación con algunos que lo acompañaban de entonces: El Gordo Rodriguez, Gerique, Menicucci,    entre otros. Aunque, si no tan seguido sí, con cierta regularidad, mantuvo reuniones en el Boliche del Castillo. Dicho sea de paso y con emotivo reconocimiento, con Tito, tuve mí primer trabajo, por 1958 en su inmobiliaria. Respetuoso del disenso, él estuvo con Frondizi, nosotros, con el voto en Blanco.

    Alguien que lo conoció muy bien -antes de 1955- seguramente fue Don José Segundo Valesi (Fallecido 29/6/00), que, en ocasiones, solieron  andar juntos, posiblemente porque ambos eran del mismo palo, aunque éste más retobado. En otra parte hablaremos del último de los mencionados, quien aún a los setenta y cuatro años algunos lo reconocen como "El Zorro de la Cortada" y/o el "Jefe" Scalabrinista. Pero es otra historia, que, como el Castillo, también, comienza a ser leyenda.

 

 

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Por qué

 José  Valesi.