Prólogo

 

Principal
Así empezó todo
Prólogo
Feria del Libro
Librerías
Presentación
Libro de visitas
Contácte al Autor

Prólogo de "Puro Cuento y los Relatos de Speedy"
Frescos, espontáneos, con la sinceridad de quien quiere expresar lo suyo, sin interferencias de escuelas ni de técnicas, los relatos de la primera parte del libro consiguen sin embargo, llevar al lector a mundos de nostalgia, de intrigantes pesquisas, de amores o de lazos fraternales, en los que siempre el ingrediente metafísico entra como colado, haciéndole un guiño al lector, para demostrarle que con la palabra escrita, el autor también se permite abrir rutas que pretenden llegar a metas que, como inalcanzables, pocas veces se mencionan con el lenguaje oral.

Los relatos de Speedy conquistan de entrada la simpatía del lector. Porque Speedy es un gato que habla. Cosa insólita en un libro para adultos. ¿Pero a qué adulto no le gusta entrar de cuando en cuando al mundo de la infancia?.

Además, este "gato común, de pelaje azul" nos cuenta de entrada que ya tuvo seis vidas y que va por la séptima, que es la última. Y para más, ¡memoria privilegiada! recuerda lo que le pasó en todas ellas, desde la primera, a principios del siglo pasado.

El narrador anota que, Speedy cuenta lo que según dice, le tocó conocer y entender perfectamente; porque el "gato común, de pelaje azul" es casi humano.

Aparecen así en sus relatos: la Boca con su malevo sentimental; el circo con sus emociones y angustias palpitando debajo de los disfraces; una familia de clase media atravesando etapas sentimentales y trágicas; un canal de televisión en el que sobreviven sombras del pasado; la estancia, con pilotos de avión y veterinarios a su servicio; el velero, que por sí solo puede despertar sueños, unido a una lámpara de Aladino amarrándonos en el misterio.

La última intervención de Speedy no es para adelantarla. La del narrador sí, porque la adivinamos de entrada: su cariño por los gatos, los que indudablemente le transmiten, sino los cuentos, el clima que necesite para redactarlos.

Hebe Bussolari de Levene