IDENTIDAD, UTOPÍA E INTEGRACIÓN. EL PENSAMIENTO ALTERNATIVO EN LA ARGENTINA CONTEMPORÁNEA. APROXIMACIONES AL BICENTENARIO

 

 

Directores:  Dr. Hugo Edgardo Biagini - Dr. Arturo Andrés Roig

 

Investigadores:

Teresa Alfieri 

Adriana Arpini 

Alejandra Ciriza 

Celina Lértora 

Hebe Pelosi 

Estela Fernández 

Clara Jalif 

Alejandro Herrero 

María Rosa Lojo 

Susana Barbosa 

 

Marco teórico o estado actual del tema:

 

La noción de identidad ha permitido desplazar dudosas expresiones como las del ser o el carácter nacional, con su pesada carga metafísica y autoritaria. Dicha noción, en su sentido más positivo, remite a una serie virtual de consideraciones: una aprehensión de la realidad con su cúmulo de oposiciones; la idea de unidad en la diversidad más allá de barreras étnicas, geográficas o sociales; un fenómeno que surge en relación con necesidades existenciales de autoafirmación y que debe mensurarse asimismo desde ciertas variables como la disputa por el poder y la repartición de la riqueza; el impulso hacia un activo proceso de humanización y democratización tendiente a estimular el afianzamiento individual y colectivo. Además de representar un genuino reconocimiento de la mismidad y la alteridad, de la tradición y la continuidad junto con la ruptura y el cambio, apunta también a la introducción de mejoras graduales o estructurales en las condiciones de vida, a la toma de conciencia nacional y a las realizaciones sociales. Implica una síntesis dialéctica que procura superar los planteamientos discriminatorios tanto del populismo fundamentalista ¾que idealiza la existencia de masas o culturas vernáculas homogéneas y desalienadas¾ como de la ciega adscripción a los modelos exógenos del progreso y la modernización conservadora.

 

            Merodearemos así por una prolífica ensayística que intenta captar nuestra realidad y formas de ser, en cuanto a sus variedades tanto ideológico-partidistas como disciplinares ¾literaria, política, histórica, filosófica, pedagógica, para-sociológica, etc. ¾, durante épocas altamente conflictivas, muchas veces con cruentas autocracias, grandes claroscuros, exilios, marginaciones, apagones culturales y revanchismos, donde se alterna el hiperadoctrinamiento junto a la censura y las listas negras. A los antecedentes más o menos notorios con que cuenta la ininterrumpida temática sobre nuestra conciencia histórica y nacional, se han incorporado diversos emprendimientos recientes que desean arrojar una dosis de trasparencia entre tanta elucubración ¾sin sustraerse tampoco al sortilegio de bosquejar soluciones para un país cuyas metas parecen desencontradas a perpetuidad. Si bien no se han eclipsado los emuladores de las cruzadas y la guerra santa, una gama de trabajos apuntan hacia un ángulo integrativo que permita superar las tensiones engendradas por los distintos componentes del todo social y de la penetración externa, ya sea delimitando responsabilidades ya sea tendiendo un manto de olvido sobre el pasado. Ello se ha efectuado, con disímiles montos de credulidad, retomando una tónica siempre gravitante, a través de incontrastables apelaciones a los resortes anímicos o racionales de la personalidad comunitaria y en mucha menor proporción mediante variables políticas y económicas que coadyuven a establecer el diagnóstico y a postular las salidas alternativas junto a un proyecto republicano concomitante, todo lo cual pasará a formar parte de nuestras propuestas finales.

 

Postulamos una visión de la identidad como proceso regulador y directriz fundado en una complejísima construcción histórica. Bajo tales lineamientos, la dinámica identitaria se conecta con la función utópica, en tanto ambos simbolizan aspiraciones para transformar un ordenamiento maniqueo compuesto por una casta privilegiada y una masa de sumergidos. Por consiguiente, la causa de la identidad puede ser calificada, con Pablo González Casanova, como un magno proyecto civilizatorio, por su algo grado de universalización, el cual trasciende el clásico discurso de la intelligentzia para vincularse con las demandas populares frente a la injusticia y con las organizaciones cívicas emergentes en su reclamo por las peculiaridades étnicas, idiomáticas, religiosas, ambientales, de género o edad. Aquí tomamos el pensamiento y la práctica utópicas como equiparables a un principismo que se rehúsa a asignarle una validez incontrastable a los modelos enajenantes ¾a la miseria y a las penurias colectivas¾ mientras se propone combatir ese estado inequitativo de cosas y defender los derechos humanos ¾no sólo a la vida, a la libertad y a la igualdad sino, más específicamente a la educación, al trabajo y al tiempo libre. Se trata entonces de complementar el aporte de los movimientos sociales ¾excluyentemente revalidados por la posmodernidad¾ con un rescate crítico de las grandes causas que han permitido concebir un mundo para todos, cuya efectivización sigue siendo una asignatura pendiente, contrarrestada por quienes desde el unicato ideológico pretenden superar el pensamiento alternativo y acabar con las utopías.

 

Con el afán último de contribuir a la urdimbre de nuevas utopías nos centraremos en la génesis de formas identitarias nuestroamericanas que han contado con diversas expresiones que, si bien se remontan a los movimientos insurreccionales previos a las guerras emancipadoras y a campañas como las de Bolívar para que constituyamos un pequeño género humano, nos detendremos a rescatar los empeños finiseculares para diferenciarnos de los poderes opresivos y articular un nacionalismo continental; empeños retomados por las vanguardias artísticas y por el prodigioso ideario de la Reforma Universitaria, ulteriormente, por algunas corrientes tercermundistas y hoy por la filosofía intercultural.

 

En cuanto al problema de la integración y a diferencia de lo ocurrido con fenómenos actuales como los de la Comunidad Europea o el Nafta, la idea latente de una gran nación americana exhibe una tradición teórica y activa que, desde los tiempos de la Independencia, ha sido sostenida por diversos expositores y corrientes cuya divulgación ha dado lugar a un vastísimo corpus literario y político junto a una exégesis no menos frondosa y a largos desvelos generacionales. Pese a las presiones externas y locales que terminaron por imponer la división territorial, comienza a insinuarse por aquella época la idea de una patria y de una ciudadanía comunes, la concepción de América Latina como un mismo país diferenciado de España, el credo sobre la unión moral de nuestras repúblicas y sobre una Federación de Estados Hispanoamericanos. Con la generación de 1900, se reanudan los planteamientos indoamericanistas y se buscan arquetipos culturales que surjan del propio medio circundante, tomándose a la concreto como punto de partida de lo universal. Tales planteos no sólo exhibieron una faceta intelectual sino que también adoptaron ribetes institucionales específicos, por ejemplo, a través de gestiones presidenciales como las que inaugura Hipólito Yrigoyen, inclinado hacia una política exterior de neutralidad y autodeterminación, de confianza en nuestro común destino latinoamericano. Así se irá elaborando un modo de integración que, frente a la modernización excluyente, se propone contribuir al desarrollo social y nacional, con una actitud crítica y democrática. Se enfatiza en esta perspectiva ¾como sostiene Aldo Ferrer¾ el hecho de que los países que han podido avanzar en medio de la globalización son aquellos que se han vinculado con los demás sin renunciar a su propia identidad cultural, a sus recursos naturales y a su mercado interior.

 

Aporte original al tema:

      Si bien abundan hoy los trabajos de mayor o menor aliento sobre el devenir intelectual y filosófico en nuestro país durante el siglo XX, se adolece en cambio de un panorama sistemático como el que nos proponemos emprender en esta investigación:  examinar las principales ideas o corrientes progresistas. Más en particular, abordaremos diversas nociones claves para medirse con un orden globalizado como el presente y poder enfrentar el porvenir con un buen bagaje teórico: identidades culturales, utopías sociales, derechos humanos, integración continental o regional.  Con todo, en dicho análisis tendremos a su vez en cuenta la crisis de las concepciones blindadas de la historia, de los sustancialismos, paradigmas y mega-relatos, pero asumiremos al mismo tiempo la exigencia multisectorial y el perentorio desafío de rescribir nuestra memoria y tradiciones populares; la necesidad de reactualizar los grandes proyectos humanistas que pretendían mejorar el mundo ¾hoy abandonados por muchos gobiernos supuestamente avanzados y por el hegemonismo neoliberal que no ha trepidado en restaurar los más caducos planteamientos y modus operandi.

 

            A la luz de las ideas seleccionadas y puestas al día, procuraremos establecer una tarea no menos inédita: trazar un diagnóstico de la situación presente del país y trazar una prognosis, adelantándonos a reflexionar en torno al bicentenario, con todos los riesgos que ello pueda implicar y arriesgando a su vez la elaboración de un proyecto republicano democrático e igualitario.

 

Objetivos:

            Asumiendo el alto grado de conflictividad histórica ¾pero sin descartar los matices que impiden caer en falsas opciones y excluyentes posturas antinómicas¾, se prestará especial atención a las variantes que han puesto de relieve la creencia en una sociedad o en un mundo mejor, en un nuevo tipo humano ¾circunstancialmente caracterizado en figuras tales como las del operario, el poeta, el campesino, el estudiante, el mestizo, al igual que en las mediaciones entre el homo faber y el homo ludens. Entre los principales aspectos a encarar sobresalen las investigaciones intrínsecas y comparadas de términos como el de argentinidad junto con otras categorías equivalentes ¾mexicanidad, peruanidad, argentinidad, cubanidad¾ en tanto apunten a una función más prospectiva que innmovilizadora.

 

            Ya en los umbrales del siglo XX se vislumbra una polifonía doctrinaria y un sinnúmero de enfrentamientos que se irán reformulando con el tiempo: materialismo-espiritualismo, cosmopolitismo-criollismo, escepticismo-esoterismo, cientificismo-esteticismo, hedonismo-agonismo, racionalidad nordatlántica-emotividad meridional, europeísmo-americanismo, hispanismo-afrancesamiento, anglofilia-yancofobia, sionismo-antisemitismo, individualismo-solidarismo, patriarcalismo-feminismo, cultura-contracultura. Por un lado, las inflexiones etnocéntricas, tecnocráticas, tradicionalistas, deterministas, neocoloniales, elitistas, conservadoras u oligárquicas juntos con el realismo o caciquismo políticos. Por otro, el énfasis en el voluntarismo, el eticismo, el juvenilismo, el antiimperialismo, el nacionalismo, el populismo, el igualitarismo, la democracia, el indigenismo. Haremos también hincapié en esta última serie analítica.

 

            Además del análisis autoral, abordaremos un género intelectual y académico bastante fecundo: el de los congresos y las polémicas, donde se han (expuesto o) debatido intensamente desde la cuestión social hasta las orientaciones más diversas: positivismo, catolicismo, existencialismo, marxismo, filosofía de la liberación, pensamiento argentino, etc. Además de las manifestaciones rupturistas propias de la educación formal, indagaremos en la producción y en las actividades de otros sectores radicalizados que se han hecho cargo de una realidad social que hunde sus raíces en la emergencia del proletariado en nuestro país con sus principales modalidades ideológicas y partidarias, como fueron las universidades populares de inspiración socialista o la pedagogía libertaria con sus escuelas, ateneos, bibliotecas, teatros y cancioneros.

 

            Una de las expresiones ideales a procesar radica en el concepto territorio libre de América, ligado por ejemplo a nuestro arte y a nuestra literatura pero también a diversos escenarios emblemáticos de una sostenida resistencia civil: desde las escuelas anarquistas, las universidades públicas, los cuartos y comedores estudiantiles, los periódicos contestatarios, los cafetines bohemios, las fábricas tomadas y las viviendas ocupadas, los asentamientos rurales, los barrios y comunas autogestionarias, las poblaciones alfabetizadas, las plazas abarrotadas y los caminos bloqueados hasta la remota precedencia del quilombo o el palenque donde los esclavos se sienten en sede propia tras la ruptura de sus cadenas.

 

            La problemática de los derechos humanos y su flagrante violación constituirá un leit motiv primordial, habida cuenta de lo que aconteció en nuestro medio: aquello que el fiscal Julio César Strassera denominó la mayor tragedia argentina del siglo XX: el terrorismo de Estado, conocido bajo la figura tristemente célebre de la desaparición sistemática de personas, así como el desmontaje judicial que se llevó a cabo en su momento junto con sus prolongaciones ulteriores a través de la llamada internacionalización de la justicia.

 

            Como conclusión final se evaluará la situación actual del país y se bosquejará una prospectiva en torno al bicentenario, con todos los riesgos que ello pueda implicar. Descartando que se trata de predecir por revelación, quedan dos sentidos primordiales: guiarse por conjeturas y sospechas o a través de hipótesis fundadas en el estudio de las tendencias emergentes y de las salidas alternativas, sin descartar una eventual comparación entre tres hitos claves ¾1810, 1910, 2010¾, etc.

 

Metodología:

 

      Nuestros trabajos se enrolan dentro de una tradición que, localmente, cuenta entre sus filas a quienes abrieron el juego disciplinario como Korn e Ingenieros; juego proseguido por Alberini, Luis Juan Guerrero, Francisco y José Luis Romero. Dentro de las oscilaciones reflexivas, pugnan varias actitudes fundamentales en los sectores ilustrados de la Argentina: una especular o de transplante, otra asimilativa, que distingue y readapta, mientras que la tercera modalidad trasunta conatos tendientes a producir desarrollos propios e innovadores. Con todo, aún en períodos muy coercitivos asoman ciertos destellos de originalidad y toma de perspectiva. Ello se torna más explicito, v.gr. cuando emergen las preocupaciones en torno a la cultura nacional, con la búsqueda de su validez y sus alcances, o cuando aparecen intentos por desentrañar las conexiones enmascaradoras que guardan la teoría y la praxis humanas.

 

Procuraremos sobreponernos a las restricciones de nuestra historiografía tradicional, tan ajena a los encuadres teóricos, éticos e interdisciplinarios y tan sumergida en el racconto documental que termina por perder de vista la materia básica de su emprendimiento: el ser humano y sus antagonismos. Tendremos que esforzarnos por asociar el recaudo erudito y estilístico con la perspectiva crítica y valorativa, estableciendo la conjunción imprescindible de episodios, procesos, testimonios, sensibilidades, intereses y construcciones intelectuales en juego.

 

Las distintas corrientes, doctrinas, cosmovisiones y elaboraciones conceptuales no serán encaradas en tanto concepciones puras, al estilo filosofista, sino como integrando un discurso que encierra algunos principios claves, v. gr., el de la sustentación del poder, o sea, asumiendo sus correlaciones con la dinámica socio-política y económica de la cual dimanan en definitiva, reoperando también sobre la misma. Apelaremos entonces a puntos de vista como los que ofrece la sociología del conocimiento, la teoría de las ideologías o el marxismo crítico.

 

La historia del pensamiento se presenta no sólo como disciplina que engloba críticamente a los diferentes campos del saber sino también como una manera de verificar las formas en que se ha asimilado o desafiado el bagaje de ultramar, aunque no haremos hincapié en los intentos por legitimar el statu quo para concentrarnos en las inflexiones destinadas a promover cambios fundamentales, aunque sin dejar de examinar las relaciones de subordinación que a menudo subyacen tras el aparato enunciativo.

 

En suma, estamos frente a un tipo sui generis y decisivo de enfoque hermenéutico, según el cual la búsqueda de lo objetivo coincide con el develamiento y la realización de la dignidad humana, con nuestra necesidad de afirmarnos, por lo cual nos apartaremos de la dimensión estrictamente profesionalista de una historia de las ideas que no se halle encaminada a incrementar los grados de conciencia y participación social. La estrategia propedéutica consiste pues en abandonar la historia necrófila o aséptica ¾de personajes, sucesos y entelequias¾ para acceder a un miraje normativo, entendiendo que las expresiones y piezas intelectuales no son entes cerrados en sí mismos sino objetivaciones que van resignificándose conforme a los tiempos.

 

Admitiendo como hipótesis que ya hemos alcanzado la deseable etapa normalizadora con relación a la cultura occidental así como la suficiente capacidad de filosofar por nuestros propios medios, nuestra meta investigativa más preciada consiste en trascender las etapas meramente técnicas y problematizadoras para forjar los rudimentos de una filosofía que de cuenta auténticamente de la realidad argentina, mediante un pensamiento abierto que respete la alteridad, contribuya a desmitificar estructuras anacrónicas y permita avizorar situaciones de menor  explotación humana.