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El
Proyecto estudia el tratamiento de los residuos y su resultado es entregado
a cada municipio, el cual lo evalúa y luego lo pone en práctica".
La frase pertenece al Ingeniero Agrónomo Ricardo Bertolino, como respuesta
a la entrevista realizada por CONTACTAR en la sede que la Fundación del
Sur posee en el porteño barrio de San Telmo. El proyecto de "Utilización
Productiva de Residuos Sólidos Domiciliarios" comenzó en el año 1991 con
el impulso de la Universidad Nacional de Rosario, en los claustros de
la Facultad de Ciencias Veterinarias, apoyado por dos fundaciones no gubernamentales,
Acción Ambiental y Fundación del Sur.
"Este proyecto, que surgió por la necesidad de una clara respuesta
al problema medioambiental allá por el año 1991, se fue haciendo cada
vez más grande hasta llegar a lo que tenemos hoy, un poco más de cincuenta
municipios que se han sumado a la propuesta. Podemos decir que los
grandes impulsores han sido los chicos que se han organizado a través
de los Ecoclubes y son ellos el peldaño fundamental para la puesta en
marcha de este compromiso con el medio ambiente". Agrega a nuestras preguntas
el Ingeniero Bertolino. La extensa charla se fue dando durante la tarde
en la que tuvimos acceso al "despiece" de este interesante proyecto que,
de acuerdo a sus consignas, propone la renovación del sistema de recolección
de residuos en los municipios como piedra fundamental de nuevas ciudades
saludables. ¿Cómo se ensambla el proyecto en el municipio? Primero, quiero
dejar en claro que los municipios deben ser el motor que impulse el proyecto
porque es desde ese lugar en dónde debe existir la decisión política para
la puesta en marcha. Es decir, a partir de allí se va formando la red
que se teje con los demás municipios en donde se forman las reuniones
intermunicipales. En ellas se socializan las experiencias y se intercambian
los distintos proyectos que se desarrollan en cada uno de los lugares
y se determinan también los lineamientos a seguir.
¿A qué se apunta en estas reuniones? Fundamentalmente, este tipo de reuniones
apuntan al mejoramiento del proyecto, es decir, a la educación de la gente
que es la principal interesada. ¿Por qué el proyecto surge en el municipio
y no en estructuras más grandes como pueden ser la provincia o la nación?
Es el problema del "aquí y ahora" y es el municipio y su gente quienes
se comprometen de lleno, porque son problemas que les ocurren a ellos
a diario. Creo que esa es la parte más interesante del proyecto, que la
gente se preocupe y a su vez le dé solución a sus problemas cotidianos.
¿Cómo se inserta el ciudadano común en la propuesta? Para empezar, quiero
aclarar que la gente puede o no aceptar, su decisión es libre.
Lo que sí hemos notado a través del tiempo es que cada municipio tiene
su nivel de adhesión, lo que en la generalidad ocurre en un cien por cien,
puesto que la gente se va sumando en la medida que conoce la propuesta.
¿Qué otros cambios se pueden producir a través del proyecto? Se han creado
los Centros de Atención Primaria Ambiental, que son una propuesta de la
Organización Panamericana de la Salud. Ya sePanamericana de la Salud.
Ya se han instalado cuatro Centros en las ciudades de Marcos Juárez, Arequito,
Firmat y Chabás. En estos ámbitos la gente de la comunidad, se reúne cada
semana y define las políticas en materia ambiental que se van a aplicar
en cada una de las comunidades. Es decir, que de esta forma la gente,
el vecino común, se siente parte y se involucra en el proyecto, pasando
a tener otra responsabilidad con el medio ambiente.
¿Qué se hace con el residuo clasificado? Los residuos orgánicos se transforman
en abono y se recuperan alrededor de siete millones de kilos por año.
El inorgánico se comercializa, para lo cual se ha creado una nueva figura
que es el ECOCOP, una cooperativa formada por municipios que negocia con
las empresas. Todos los recursos que se generan son reinvertidos en la
educación de la gente y el mejoramiento del sistema. ¿Esto genera mano
de obra? Sí, y es necesaria una decisión política clara con respecto a
este tema. Si bien exige una inversión determinada, también es cierto,
que en materia de salud y medio ambiente queda siempre un saldo a favor.
Mano de obra y ciudades limpias, residuos clasificados y comercializados,
concientización y educación de la comunidad sobre sus problemas comunes,
virtudes que se suman al "superávit" en salud y educación. Cuesta creer,
a veces, que sólo cincuenta y dos municipios hallan aceptado la propuesta
de cambiar de forma radical el sistema de recolección de residuos. En
estos tiempos de gestión comunitaria, el primer eslabón de la cadena es
el ciudadano común, que con sus inquietudes hace del municipio el engranaje
fundamental para el funcionamiento social, la propuesta está planteada
y el desafío es afrontar los problemas nuevos que nos trae este fin de
siglo.
Rubén Vargas
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